Convento de Santa Catalina, con el Jebel Musa al fondo
Sgt. James M. McDonald, 1869 · Museo J. Paul Getty, Los Ángeles
⚠ La identificación de esta montaña con el Sinaí de este capítulo es una tradición, no una certeza que el propio texto aporte. El Jebel Musa («monte de Moisés») se venera como el Sinaí bíblico desde al menos el siglo IV d.C., cuando monjes cristianos se asentaron por primera vez en su base; el monasterio fotografiado aquí, Santa Catalina, ha estado en pie de forma continua desde el siglo VI y alberga una de las bibliotecas en funcionamiento más antiguas del mundo. Pero el texto bíblico nunca nombra qué cumbre, dentro de la península del Sinaí o más allá de ella, es la que se refiere, y la identificación descansa en la tradición eclesiástica de siglos después de los hechos, no en una ubicación que dé el propio Éxodo. Existen propuestas alternativas serias, sobre todo el Jebel al-Lawz en el noroeste de Arabia Saudita; ninguna ha desplazado al sitio tradicional en uso continuo, veneración o peso de peregrinación acumulada, pero ninguna es tampoco demostrable textualmente.
La escala de esta fotografía es el punto. Figuras diminutas al pie de muros construidos para resistir asaltantes durante 1.500 años, empequeñecidas de nuevo por la montaña que se alza detrás — la misma desproporción en que insiste este capítulo entre el pueblo acampado «frente al monte» (v. 2) y lo que desciende sobre su cumbre.
Y Jehová dijo a Moisés: ‘He aquí, yo vengo a ti en una nube espesa, para que el pueblo oiga mientras hablo contigo, y también para que te crean para siempre.’ Y Moisés refirió las palabras del pueblo a Jehová.nota
Y señalarás límites al pueblo en derredor, diciendo: Guardaos de subir al monte o tocar su límite. Cualquiera que toque el monte, morirá sin remedio.nota
Ninguna mano lo tocará, sino que será apedreado o traspasado a flechazos —sea bestia o sea hombre, no vivirá—. Cuando suene largamente el cuerno de carnero, entonces ellos subirán al monte.’nota
Y aconteció al tercer día, cuando vino la mañana, que hubo truenos y relámpagos, y una nube espesa sobre el monte, y un sonido de cuerno muy fuerte, y todo el pueblo que estaba en el campamento tembló.nota
Y todo el monte Sinaí humeaba, porque Jehová había descendido sobre él en fuego, y su humo subía como el humo de un horno, y todo el monte temblaba en gran manera.nota
Y Moisés dijo a Jehová: ‘El pueblo no puede subir al monte Sinaí, porque tú mismo nos advertiste, diciendo: Señala límites al monte, y santifícalo.’nota
Y Jehová le dijo: ‘Ve, desciende, y sube tú, y Aarón contigo. Pero que los sacerdotes y el pueblo no traspasen los límites para subir hacia Jehová, no sea que él haga estragos entre ellos.’nota
Así que Moisés descendió al pueblo, y se lo dijo.nota
Notas del traductor
Cada nota explica la decisión de esta traducción y la compara
con el estante en español: la Reina-Valera y la NVI. Las citas de
versiones con derechos reservados se limitan a frases cortas.
Una propuesta, todavía no una ley
Todo en este capítulo sucede antes de que se dé un solo mandamiento. La oferta de
Jehová se apoya enteramente en lo que ya ha ocurrido —«vosotros habéis visto lo que hice a
los egipcios»— y en una imagen, no en una norma: los trajo aquí como un águila lleva a sus
crías, sobre sus propias alas, por encima del peligro y no a través de él. El pacto que el
capítulo 20 abrirá con leyes se propone aquí primero, y se acepta primero, como una relación
ya en marcha y no como condiciones negociadas desde cero.
⚠ «Mi posesión atesorada.»Segulá es una palabra rara —usada en
otros lugares de la riqueza privada de un rey, el fondo personal que un monarca mantiene
aparte del tesoro del estado (compárese 1 Crónicas 29:3). RV60
«especial tesoro»; NVI «propiedad exclusiva». La afirmación no
es un favor genérico, sino algo más cercano a la posesión privada de un rey, dentro de una
tierra entera que Jehová ya posee.
⚠ «Reino de sacerdotes y nación santa.» A toda la nación se le ofrece un
papel normalmente reservado a una clase especializada —no que cada israelita oficiará
individualmente, sino que la nación entera se colocará ante el resto del mundo en el papel que
un sacerdote ocupa ante una congregación: mediando, representando, apartada. La biblioteca
señala que este mismo emparejamiento reaparece, aplicado a un pueblo completamente distinto,
en Apocalipsis, cuando se traduzca aquel capítulo.
Una nube espesa, y una cuenta regresiva
Las instrucciones siguen el mismo orden las dos veces que se dan (vv. 10-13, repetidas
en la acción en los vv. 14-15): santificar, lavar los vestidos, guardar distancia, esperar
tres días. No os acerquéis a mujer (v. 15) sitúa la santidad exigida junto a
lo más ordinario de la vida del campamento —un límite trazado a través de la rutina diaria, no
solo alrededor del monte mismo.
⚠ La pena de muerte por tocar el monte se ejecuta sin manos humanas
—apedreado o traspasado a flechazos desde la distancia (v. 13), de modo que quien ejecuta la
sentencia no tenga que cruzar el mismo límite que la sentencia protege. La santidad del monte
se trata como contagiosa en las dos direcciones: peligrosa de acercarse, y peligrosa de
acercarse para castigar a otro por acercarse.
El monte responde
⚠ Cada sentido recibe algo a la vez —truenos y relámpagos para ver y
oír, un sonido de cuerno sin trompetista humano que crece por sí solo, humo como el de un
horno, la tierra misma temblando. Este orden en que llegan los fenómenos es el que conserva
esta traducción, coincidiendo con RV60 y NVI,
que también coinciden en el orden aunque no en la palabra: RV60 «bocina», NVI
«trompeta», para el mismo instrumento sin trompetista humano. El capítulo no
explica el cuerno: de quién es el aliento que sostiene e intensifica un sonido sin fuente
visible se deja tan extraño como lo deja el texto.
Moisés hablaba, y Dios le respondía con voz (v. 19) —no una escena de
silencio rota solo por palabras humanas, sino una conversación sostenida dentro de una
tormenta, los dos sonidos (una voz de hombre, una voz que no lo es) mantenidos juntos en vez
de esperar cada uno a que el otro calle.
Sube y baja, tres veces
Moisés sube y baja este monte repetidamente a lo largo de un solo capítulo —al menos en
el v. 3, el v. 14, el v. 20, y de nuevo en los vv. 24-25— y las instrucciones de Jehová no
dejan de volver a la misma advertencia: contened al pueblo, santificad a los sacerdotes, que
nadie traspase el límite. ⚠ Algunos lectores oyen en la repetición la señal de más de un
relato de los mismos hechos, entretejidos; el texto mismo no muestra ninguna costura, solo la
misma advertencia repetida, como si el peligro no se hubiera tomado suficientemente en serio
la primera vez.
«No sea que traspasen los límites hacia Jehová para mirar» (v. 21) —el
peligro nombrado no es la desobediencia, sino la curiosidad, el querer ver más de lo
concedido. El capítulo termina exactamente donde empezó, con Moisés como la única figura a la
que se permite moverse libremente entre los dos lados de una línea que a todos los demás se
les advierte, dos veces, que no crucen.
Notas sobre esta traducción
Decisiones. La segulá del v. 5 se conserva como «posesión
atesorada» en vez del más antiguo «especial tesoro» de RV60, para un oído moderno. La
ejecución a distancia del v. 13 («apedreado o traspasado a flechazos») se conserva explícita
en vez de generalizarse a «dado muerte», ya que el método es parte de lo que dice el
versículo. Los fenómenos del v. 16 se conservan en el orden propio del hebreo, sin
reordenarse por el ritmo del español.
⚠ Nota sobre el orden: Éxodo está en estas
páginas en los capítulos 1–20 (el capítulo 19 llena ahora el único hueco que quedaba
antes de la entrega de la ley). Éxodo 21–40 quedan como la secuencia abierta.