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La Traducción Mister
Una nueva traducción de la Biblia desde el hebreo y el griego
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Habacuc 1 — La Traducción Mister

1
הַמַּשָּׂא אֲשֶׁר חָזָה, חֲבַקּוּק הַנָּבִיא.
La carga que vio Habacuc el profeta.nota
2
עַד-אָנָה יְהוָה שִׁוַּעְתִּי, וְלֹא תִשְׁמָע: אֶזְעַק אֵלֶיךָ חָמָס, וְלֹא תוֹשִׁיעַ.
¿Hasta cuándo, Jehová, clamaré, y no oirás? Grito a ti «¡Violencia!» —y no salvas—.nota
3
לָמָּה תַרְאֵנִי אָוֶן וְעָמָל תַּבִּיט, וְשֹׁד וְחָמָס לְנֶגְדִּי; וַיְהִי רִיב וּמָדוֹן, יִשָּׂא.
¿Por qué me haces ver iniquidad, y contemplas la aflicción? Destrucción y violencia hay delante de mí; surge el pleito, y se alza la contienda.nota
4
עַל-כֵּן תָּפוּג תּוֹרָה, וְלֹא-יֵצֵא לָנֶצַח מִשְׁפָּט: כִּי רָשָׁע מַכְתִּיר אֶת-הַצַּדִּיק, עַל-כֵּן יֵצֵא מִשְׁפָּט מְעֻקָּל.
Por eso la ley se entumece, y la justicia nunca sale; porque el impío rodea al justo, y así la justicia sale torcida.nota
5
רְאוּ בַגּוֹיִם וְהַבִּיטוּ, וְהִתַּמְּהוּ תְּמָהוּ: כִּי-פֹעַל פֹּעֵל בִּימֵיכֶם, לֹא תַאֲמִינוּ כִּי יְסֻפָּר.
Mirad entre las naciones y contemplad; asombraos, quedad atónitos. Porque en vuestros días se hace una obra que no creeríais aunque os la contaran.nota
6
כִּי-הִנְנִי מֵקִים אֶת-הַכַּשְׂדִּים, הַגּוֹי הַמַּר וְהַנִּמְהָר; הַהוֹלֵךְ, לְמֶרְחֲבֵי-אֶרֶץ, לָרֶשֶׁת, מִשְׁכָּנוֹת לֹּא-לוֹ.
Porque mira: yo levanto a los caldeos, esa nación amarga y precipitada, que marcha por la anchura de la tierra para tomar posesión de moradas ajenas.nota
7
אָיֹם וְנוֹרָא, הוּא; מִמֶּנּוּ, מִשְׁפָּטוֹ וּשְׂאֵתוֹ יֵצֵא.
Espantosa y terrible es; de sí misma salen su justicia y su rango.nota
8
וְקַלּוּ מִנְּמֵרִים סוּסָיו, וְחַדּוּ מִזְּאֵבֵי עֶרֶב, וּפָשׁוּ, פָּרָשָׁיו; וּפָרָשָׁיו, מֵרָחוֹק יָבֹאוּ--יָעֻפוּ, כְּנֶשֶׁר חָשׁ לֶאֱכוֹל.
Sus caballos son más veloces que leopardos, más feroces que lobos al anochecer; sus jinetes cargan —sus jinetes vienen de lejos, vuelan como buitre que se lanza a devorar—.nota
9
כֻּלֹּה לְחָמָס יָבוֹא, מְגַמַּת פְּנֵיהֶם קָדִימָה; וַיֶּאֱסֹף כַּחוֹל, שֶׁבִי.
Todos ellos vienen para la violencia; sus rostros están puestos hacia adelante, y reúnen cautivos como arena.nota
10
וְהוּא בַּמְּלָכִים יִתְקַלָּס, וְרֹזְנִים מִשְׂחָק לוֹ; הוּא לְכָל-מִבְצָר יִשְׂחָק, וַיִּצְבֹּר עָפָר וַיִּלְכְּדָהּ.
Se burla de los reyes, y los príncipes le son un chiste; se ríe de toda fortaleza, amontona polvo contra ella, y la toma.nota
11
אָז חָלַף רוּחַ וַיַּעֲבֹר, וְאָשֵׁם: זוּ כֹחוֹ, לֵאלֹהוֹ.
Entonces pasa como el viento y sigue de largo —y es culpable, este cuya propia fuerza es su dios—.nota
12
הֲלוֹא אַתָּה מִקֶּדֶם, יְהוָה אֱלֹהַי קְדֹשִׁי--לֹא נָמוּת; יְהוָה לְמִשְׁפָּט שַׂמְתּוֹ, וְצוּר לְהוֹכִיחַ יְסַדְתּוֹ.
¿No eres tú desde la antigüedad, Jehová, Dios mío, Santo mío? No moriremos. Jehová, tú lo has puesto para juicio; Roca, tú lo estableciste para reprender.nota
13
טְהוֹר עֵינַיִם מֵרְאוֹת רָע, וְהַבִּיט אֶל-עָמָל לֹא תוּכָל: לָמָּה תַבִּיט, בּוֹגְדִים--תַּחֲרִישׁ, בְּבַלַּע רָשָׁע צַדִּיק מִמֶּנּוּ.
Eres de ojos demasiado puros para mirar el mal, y no puedes contemplar la aflicción; ¿por qué, pues, miras a los traidores, y callas mientras el impío devora al que es más justo que él?nota
14
וַתַּעֲשֶׂה אָדָם, כִּדְגֵי הַיָּם--כְּרֶמֶשׂ, לֹא-מֹשֵׁל בּוֹ.
Y haces a los hombres como los peces del mar, como reptiles que no tienen quien los gobierne.nota
15
כֻּלֹּה, בְּחַכָּה הֵעֲלָה--יְגֹרֵהוּ בְחֶרְמוֹ, וְיַאַסְפֵהוּ בְּמִכְמַרְתּוֹ; עַל-כֵּן, יִשְׂמַח וְיָגִיל.
A todos los saca con anzuelo, los arrastra en su red, y los junta en su barredera; por eso se alegra y salta de gozo.nota
16
עַל-כֵּן יְזַבֵּחַ לְחֶרְמוֹ, וִיקַטֵּר לְמִכְמַרְתּוֹ: כִּי בָהֵמָּה שָׁמֵן חֶלְקוֹ, וּמַאֲכָלוֹ בְּרִאָה.
Por eso ofrece sacrificio a su red y quema incienso a su barredera; porque por ellas es opulenta su porción y abundante su comida.nota
17
הַעַל כֵּן, יָרִיק חֶרְמוֹ; וְתָמִיד לַהֲרֹג גּוֹיִם, לֹא יַחְמוֹל. {ס}
¿Vaciará por eso su red, y seguirá matando naciones sin cesar, sin perdonar jamás?nota

Notas del traductor

Versículo 1 · el profeta que discute —y el rollo que una comunidad oculta copió—

⚠ Habacuc es el libro raro de los Doce, y la primera rareza es su DIRECCIÓN. Todos los demás profetas hablan DE Dios AL pueblo; Habacuc habla DEL profeta A Dios, y espera respuesta. El libro es un DIÁLOGO —una discusión en dos rondas en la que el profeta presenta una queja, Dios responde, el profeta objeta la respuesta, y Dios vuelve a responder—. Es la lucha más sostenida de la Biblia con la pregunta dura más antigua que existe: si Dios es justo, ¿por qué vence la injusticia? Job la hace como sufriente; Habacuc, como fiscal, en nombre de toda una sociedad.

⚠ El nombre le queda exacto. Javaqquq viene muy probablemente de javaq, «abrazar» —o, en su sentido más fuerte, «luchar, forcejear»—. Lutero lo llamó «el que abraza», uno que toma a Dios y no lo suelta; el nombre podría leerse igual como «el luchador», que es lo que hace tres capítulos. No se cuenta nada más de él —ni padre ni pueblo—, pero se le llama «el profeta» sin rodeos, título dado a muy pocos en su propio encabezado.

El encabezado llama al libro una carga (massá, el oráculo pesado de perdición, la misma palabra que abrió Nahúm) «que Habacuc vio» —una visión, aunque llega como una discusión—. La RV60: «La profecía que vio el profeta Habacuc»; la latina Douay lo escribe «Habacuc».

⚠ Y Habacuc tiene una distinción que casi ningún libro bíblico iguala: tenemos un comentario antiguo sobre él, más viejo que cualquier manuscrito completo de la Biblia. Entre los primerísimos Rollos del Mar Muerto sacados de una cueva de Qumrán en 1947 estaba el Pésher de Habacuc (1QpHab) —un comentario versículo por versículo de los capítulos 1 y 2, copiado hacia un siglo antes de Cristo, que aplica el «impío» y el «justo» de Habacuc a la propia lucha de la comunidad entre un «Sacerdote Impío» y un «Maestro de Justicia»—. Es uno de los rollos mejor conservados, y muestra este librito extraño leído con enorme seriedad hace dos mil años.

Versículos 2–4 · la primera queja: ¿hasta cuándo, y por qué no miras?

⚠ El libro abre con una palabra que ningún otro profeta se atreve a dirigir a Dios tan sin rodeos: «¿HASTA CUÁNDO?». Ad-aná es el grito de los salmos de lamento (Salmo 13, «¿hasta cuándo, Jehová? ¿me olvidarás para siempre?»), y Habacuc lo lanza como una acusación: «¿Hasta cuándo clamaré y no OIRÁS? Grito a ti “¡violencia!” y no SALVAS.» La queja no es que Dios esté lejos, sino que está presente y al parecer no hace nada.

⚠ La acusación es chamas —la palabra del diluvio—. Chamas, «violencia», es la misma crueldad sin ley que derrumba una sociedad y que había «llenado la tierra» antes del diluvio (Génesis 6:11-13) y marcó a Edom en Abdías. Habacuc describe su propio Judá —las últimas décadas antes de Babilonia, un país pudriéndose por dentro con el fuerte devorando al débil—. Y amontona las palabras: iniquidad, aflicción, destrucción, violencia, pleito, contienda —seis términos en dos versículos, una sociedad nombrada por sus síntomas—.

⚠ Y el diagnóstico es un tribunal derrumbado. «Por eso la ley se ENTUMECE» —tapug, se enfría, pierde el agarre, como un miembro dormido— «y la justicia nunca sale; porque el impío rodea al justo, y así la justicia sale TORCIDA» (me'uqqal, doblada). Cuando los culpables rodean al inocente en el juicio, todavía sale un veredicto —pero sale deformado—. Es la queja exacta de Amós y Miqueas, puesta ahora no a los jueces sino al Juez.

Versículos 5–11 · la respuesta de Dios —y el remedio parece peor que la enfermedad—

⚠ Dios responde —y la respuesta es tan alarmante que les avisa de antemano que no la creerán—. «Mirad entre las NACIONES… asombraos, quedad atónitos. Porque en vuestros días se hace una obra que no creeríais aunque os la contaran.» El remedio para la podredumbre interna de Judá no es un reformador ni un avivamiento; es una invasión. La RV60: «asombraos y maravillaos». ⚠ Pablo cita este mismo versículo en Antioquía (Hechos 13:41) como advertencia a los burladores —la «obra increíble» siendo, para él, el evangelio mismo—.

⚠ «Yo levanto a los CALDEOS» es la conmoción sobre la que gira todo el libro. Los caldeos son los neobabilonios, que bajo Nabucodonosor acababan de aplastar a Egipto en Carquemis (605 a. C.) y barrían hacia el oeste —«esa nación amarga y precipitada» (mar, amarga; nimhar, temeraria)—. Dios no se limita a permitir a Babilonia; dice «yo los levanto». El imperio que quemará Jerusalén es llamado obra de Dios mismo. Esa es la respuesta —y es lo que dispara la segunda queja, más dura, del profeta—.

La descripción de la máquina de guerra babilonia es una obra maestra del terror. Caballos más veloces que leopardos y más feroces que lobos al anochecer (los más hambrientos al ocaso); caballería que «vuela como buitre que se lanza a devorar»; un pueblo que toma cautivos «como arena», que «se burla de los reyes», para quien «los príncipes son un chiste», que «se ríe de toda fortaleza» y sencillamente amontona rampas de asedio de polvo y entra caminando. Es una fuerza de la naturaleza sin reverencia por nada.

⚠ Y el v. 11 nombra su verdadero pecado en cuatro palabras hebreas. «Entonces pasa como el viento y sigue de largo —y es CULPABLE (ashem), este cuya propia fuerza es su dios» (zu kojó le'eloho). Ese es el corazón teológico de la respuesta: Babilonia es instrumento de Dios Y un idólatra culpable, porque adora su propio poder. El versículo es célebre por difícil —la King James lo leyó «entonces cambiará su mente… atribuyendo este su poder a su dios»—, pero el sentido masorético es más agudo: un conquistador que ha hecho un dios de su propia fuerza, condenado por el mismísimo éxito que Dios está usando. Planta la respuesta que dará el capítulo 2: el soberbio ya está condenado, y «el justo vivirá por su fe» (2:4).

Versículos 12–17 · la segunda queja: ¿cómo pueden unos ojos santos mirar esto?

El profeta toma la respuesta de Dios y la convierte en una pregunta más dura. No niega que Babilonia sea instrumento de Dios; lo concede —«Jehová, tú lo has PUESTO para juicio; Roca, tú lo estableciste para reprender»— y entonces aprieta la contradicción que se abre debajo. Se dirige a Dios con una confesión de confianza apilada primero: «¿No eres tú desde la antigüedad, Jehová, Dios mío, Santo mío? NO MORIREMOS» —una cláusula desafiante, aferrada al pacto aun mientras acusa—. «Roca» (tzur) es uno de los títulos más antiguos de Dios, la cosa inamovible tras la que uno se guarece.

⚠ Luego la frase teológica más aguda de los Profetas Menores. «Eres de OJOS DEMASIADO PUROS para mirar el mal, y no puedes contemplar la aflicción —¿POR QUÉ, pues, miras a los traidores, y CALLAS mientras el impío devora al que es más justo que él?». Es el problema de la teodicea planteado con tanta limpieza como jamás: la santidad de Dios (no puede ni MIRAR el mal) puesta plana frente a su aparente inacción (y sin embargo lo CONTEMPLA y calla). Y afila lo que Habacuc se quejó en el v. 4: allí el impío rodeaba al justo; ahora una nación MÁS impía es usada para devorar a una MENOS impía. El remedio es más culpable que la enfermedad. La RV60: «Muy limpio eres de ojos para ver el mal».

⚠ Y la imagen final es Babilonia como un PESCADOR, y toda la raza humana su pesca. «Haces a los hombres como los PECES del mar, como reptiles que no tienen quien los gobierne» —sin jefe, indefensos, ahí para ser tomados—. Babilonia «a todos los saca con anzuelo, los arrastra en su red, los junta en su barredera, y se alegra». Luego la púa: «por eso ofrece sacrificio a su red y quema incienso a su barredera» —el conquistador adorando sus propias armas, ofreciendo incienso a los instrumentos de su conquista, porque «por ellas es opulenta su porción»—. Es la misma idolatría del v. 11, dibujada como cuadro: un hombre de rodillas ante sus propios aparejos. El capítulo termina en una pregunta que queda colgando en el aire —«¿vaciará por eso su red, y seguirá matando naciones sin cesar, sin perdonar jamás?»— y el profeta, tras dispararla, sube a su atalaya a esperar la respuesta (2:1).

Patrones que vale la pena recordar

Dónde esta traducción mantiene las palabras exactas / distintas: «¿hasta cuándo?» para ad-aná (v. 2), el grito del lamento apuntado directo a Dios; «violencia» para chamas (vv. 2, 3, 9), la palabra del diluvio para la crueldad que derrumba una sociedad, que corre del Judá de Habacuc al ejército babilonio; «la ley se entumece» para tapug torá (v. 4), un miembro enfriado; «torcida» para me'uqqal, la justicia que sale doblada; «los caldeos» conservado, los neobabilonios que Dios dice que ÉL levanta; «cuya propia fuerza es su dios» para zu kojó le'eloho (v. 11), el imperio que deifica su propio poder; «de ojos demasiado puros para mirar el mal» (v. 13), el problema de la teodicea en una frase; y «Roca» para tzur (v. 12), el antiguo título-refugio.

Ecos pagados. Chamas, la «violencia» que llenó la tierra antes del diluvio (Génesis 6) y marcó a Edom en Abdías, ahora la acusación contra el propio Judá. El «¿hasta cuándo?» de los salmos de lamento, vuelto de petición en interrogatorio. La massá, «carga», que encabezó también Nahúm —dos profetas vecinos, uno seguro de la víctima de Babilonia y otro turbado por ella—. Y el Dios de la tormenta que levanta imperios como su vara —la misma convicción que Isaías puso sobre Asiria («la vara de mi ira», Isaías 10), aquí puesta sobre Babilonia y luego cuestionada—.

Ecos plantados. «El justo vivirá por su fe» (2:4) —la respuesta a la pregunta de este capítulo, y el único versículo que el Nuevo Testamento cita TRES veces (Romanos 1:17; Gálatas 3:11; Hebreos 10:38), la semilla de todo el evangelio de Pablo y, por Lutero, de la Reforma—. Los cinco ayes sobre el tirano caldeo que llenan el resto del capítulo 2. «La tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová como las aguas cubren el mar» (2:14). Y el gran salmo del capítulo 3 —«oí, Jehová, tu palabra, y temí»—, que termina en la nota más alta de confianza-en-la-oscuridad de toda la Biblia: «aunque la higuera no florezca… con todo, yo me alegraré en Jehová».

Habacuc es un libro nuevo en el sitio. Próxima entrega: Habacuc 2 — el profeta se aposta en su atalaya a esperar; «escribe la visión y grábala en tablas, para que corra el que la lea»; «el justo por su fe vivirá»; y los cinco ayes contra el tirano que amontona lo ajeno.

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