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La Traducción Mister
Una nueva traducción de la Biblia desde el hebreo y el griego
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Génesis 37 — La Traducción Mister

1
וַיֵּשֶׁב יַעֲקֹב, בְּאֶרֶץ מְגוּרֵי אָבִיו--בְּאֶרֶץ, כְּנָעַן.
Y Jacob se asentó en la tierra de las peregrinaciones de su padre, en la tierra de Canaán.nota
2
אֵלֶּה תֹּלְדוֹת יַעֲקֹב, יוֹסֵף בֶּן-שְׁבַע-עֶשְׂרֵה שָׁנָה הָיָה רֹעֶה אֶת-אֶחָיו בַּצֹּאן, וְהוּא נַעַר אֶת-בְּנֵי בִלְהָה וְאֶת-בְּנֵי זִלְפָּה, נְשֵׁי אָבִיו; וַיָּבֵא יוֹסֵף אֶת-דִּבָּתָם רָעָה, אֶל-אֲבִיהֶם.
Estas son las generaciones de Jacob. José, de diecisiete años, apacentaba el rebaño con sus hermanos — era un muchacho, con los hijos de Bilhá y los hijos de Zilpá, mujeres de su padre — y José trajo un mal informe de ellos a su padre.nota
3
וְיִשְׂרָאֵל, אָהַב אֶת-יוֹסֵף מִכָּל-בָּנָיו--כִּי-בֶן-זְקֻנִים הוּא, לוֹ; וְעָשָׂה לוֹ, כְּתֹנֶת פַּסִּים.
E Israel amaba a José más que a todos sus hijos, porque era para él un hijo de su vejez; y le hizo una túnica larga y ornamentada.nota
4
וַיִּרְאוּ אֶחָיו, כִּי-אֹתוֹ אָהַב אֲבִיהֶם מִכָּל-אֶחָיו--וַיִּשְׂנְאוּ, אֹתוֹ; וְלֹא יָכְלוּ, דַּבְּרוֹ לְשָׁלֹם.
Y vieron sus hermanos que su padre lo amaba más que a todos sus hermanos, y lo odiaron, y no podían hablarle en paz.nota
5
וַיַּחֲלֹם יוֹסֵף חֲלוֹם, וַיַּגֵּד לְאֶחָיו; וַיּוֹסִפוּ עוֹד, שְׂנֹא אֹתוֹ.
Y José soñó un sueño y lo contó a sus hermanos; y lo odiaron todavía más.nota
6
וַיֹּאמֶר, אֲלֵיהֶם: שִׁמְעוּ-נָא, הַחֲלוֹם הַזֶּה אֲשֶׁר חָלָמְתִּי.
Y les dijo: «Escuchen, por favor, este sueño que he soñado.nota
7
וְהִנֵּה אֲנַחְנוּ מְאַלְּמִים אֲלֻמִּים, בְּתוֹךְ הַשָּׂדֶה, וְהִנֵּה קָמָה אֲלֻמָּתִי, וְגַם-נִצָּבָה; וְהִנֵּה תְסֻבֶּינָה אֲלֻמֹּתֵיכֶם, וַתִּשְׁתַּחֲוֶיןָ לַאֲלֻמָּתִי.
Mira — estábamos atando gavillas en medio del campo, y mira, mi gavilla se levantó y hasta se quedó erguida; y mira, las gavillas de ustedes la rodearon y se inclinaron ante mi gavilla».nota
8
וַיֹּאמְרוּ לוֹ, אֶחָיו, הֲמָלֹךְ תִּמְלֹךְ עָלֵינוּ, אִם-מָשׁוֹל תִּמְשֹׁל בָּנוּ; וַיּוֹסִפוּ עוֹד שְׂנֹא אֹתוֹ, עַל-חֲלֹמֹתָיו וְעַל-דְּבָרָיו.
Y sus hermanos le dijeron: «¿De veras reinarás sobre nosotros? ¿De veras nos dominarás?» Y lo odiaron todavía más, por sus sueños y por sus palabras.nota
9
וַיַּחֲלֹם עוֹד חֲלוֹם אַחֵר, וַיְסַפֵּר אֹתוֹ לְאֶחָיו; וַיֹּאמֶר, הִנֵּה חָלַמְתִּי חֲלוֹם עוֹד, וְהִנֵּה הַשֶּׁמֶשׁ וְהַיָּרֵחַ וְאַחַד עָשָׂר כּוֹכָבִים, מִשְׁתַּחֲוִים לִי.
Y soñó todavía otro sueño y lo relató a sus hermanos, y dijo: «Mira, he soñado otro sueño: y mira, el sol y la luna y once estrellas se inclinaban ante mí».nota
10
וַיְסַפֵּר אֶל-אָבִיו, וְאֶל-אֶחָיו, וַיִּגְעַר-בּוֹ אָבִיו, וַיֹּאמֶר לוֹ מָה הַחֲלוֹם הַזֶּה אֲשֶׁר חָלָמְתָּ: הֲבוֹא נָבוֹא, אֲנִי וְאִמְּךָ וְאַחֶיךָ, לְהִשְׁתַּחֲוֺת לְךָ, אָרְצָה.
Y lo relató a su padre y a sus hermanos; y su padre lo reprendió y le dijo: «¿Qué sueño es este que has soñado? ¿De veras vendremos — yo y tu madre y tus hermanos — a inclinarnos ante ti hasta la tierra?»nota
11
וַיְקַנְאוּ-בוֹ, אֶחָיו; וְאָבִיו, שָׁמַר אֶת-הַדָּבָר.
Y sus hermanos le tuvieron envidia; pero su padre guardó el asunto.nota
12
וַיֵּלְכוּ, אֶחָיו, לִרְעוֹת אֶת-צֹאן אֲבִיהֶם, בִּשְׁכֶם.
Y sus hermanos fueron a apacentar el rebaño de su padre en Siquem.nota
13
וַיֹּאמֶר יִשְׂרָאֵל אֶל-יוֹסֵף, הֲלוֹא אַחֶיךָ רֹעִים בִּשְׁכֶם--לְכָה, וְאֶשְׁלָחֲךָ אֲלֵיהֶם; וַיֹּאמֶר לוֹ, הִנֵּנִי.
Y dijo Israel a José: «¿No están tus hermanos apacentando en Siquem? Ven, y te enviaré a ellos». Y él le dijo: «Heme aquí».nota
14
וַיֹּאמֶר לוֹ, לֶךְ-נָא רְאֵה אֶת-שְׁלוֹם אַחֶיךָ וְאֶת-שְׁלוֹם הַצֹּאן, וַהֲשִׁבֵנִי, דָּבָר; וַיִּשְׁלָחֵהוּ מֵעֵמֶק חֶבְרוֹן, וַיָּבֹא שְׁכֶמָה.
Y le dijo: «Ve ahora, mira si tus hermanos están en paz, y si lo está el rebaño, y tráeme respuesta». Y lo envió del valle de Hebrón, y llegó a Siquem.nota
15
וַיִּמְצָאֵהוּ אִישׁ, וְהִנֵּה תֹעֶה בַּשָּׂדֶה; וַיִּשְׁאָלֵהוּ הָאִישׁ לֵאמֹר, מַה-תְּבַקֵּשׁ.
Y lo halló un hombre, y mira — andaba errante por el campo; y el hombre le preguntó: «¿Qué buscas?»nota
16
וַיֹּאמֶר, אֶת-אַחַי אָנֹכִי מְבַקֵּשׁ; הַגִּידָה-נָּא לִי, אֵיפֹה הֵם רֹעִים.
Y él dijo: «Busco a mis hermanos. Dime, por favor, dónde están apacentando».nota
17
וַיֹּאמֶר הָאִישׁ, נָסְעוּ מִזֶּה--כִּי שָׁמַעְתִּי אֹמְרִים, נֵלְכָה דֹּתָיְנָה; וַיֵּלֶךְ יוֹסֵף אַחַר אֶחָיו, וַיִּמְצָאֵם בְּדֹתָן.
Y el hombre dijo: «Se han ido de aquí, porque los oí decir: "Vamos a Dotán"». Y José fue tras sus hermanos y los halló en Dotán.nota
18
וַיִּרְאוּ אֹתוֹ, מֵרָחֹק; וּבְטֶרֶם יִקְרַב אֲלֵיהֶם, וַיִּתְנַכְּלוּ אֹתוֹ לַהֲמִיתוֹ.
Y lo vieron desde lejos, y antes de que se acercara a ellos, tramaron contra él para darle muerte.nota
19
וַיֹּאמְרוּ, אִישׁ אֶל-אָחִיו: הִנֵּה, בַּעַל הַחֲלֹמוֹת הַלָּזֶה--בָּא.
Y se dijeron cada uno a su hermano: «Mira — ahí viene este señor de los sueños.nota
20
וְעַתָּה לְכוּ וְנַהַרְגֵהוּ, וְנַשְׁלִכֵהוּ בְּאַחַד הַבֹּרוֹת, וְאָמַרְנוּ, חַיָּה רָעָה אֲכָלָתְהוּ; וְנִרְאֶה, מַה-יִּהְיוּ חֲלֹמֹתָיו.
Y ahora, vengan, matémoslo y echémoslo en una de las cisternas, y diremos: "Una mala bestia lo devoró". Y veremos en qué paran sus sueños».nota
21
וַיִּשְׁמַע רְאוּבֵן, וַיַּצִּלֵהוּ מִיָּדָם; וַיֹּאמֶר, לֹא נַכֶּנּוּ נָפֶשׁ.
Y lo oyó Rubén, y lo libró de sus manos, y dijo: «No hiramos de muerte una vida».nota
22
וַיֹּאמֶר אֲלֵהֶם רְאוּבֵן, אַל-תִּשְׁפְּכוּ-דָם--הַשְׁלִיכוּ אֹתוֹ אֶל-הַבּוֹר הַזֶּה אֲשֶׁר בַּמִּדְבָּר, וְיָד אַל-תִּשְׁלְחוּ-בוֹ: לְמַעַן, הַצִּיל אֹתוֹ מִיָּדָם, לַהֲשִׁיבוֹ, אֶל-אָבִיו.
Y les dijo Rubén: «¡No derramen sangre! Échenlo en esta cisterna que está en el desierto, pero no le pongan la mano encima» — para librarlo de sus manos y devolverlo a su padre.nota
23
וַיְהִי, כַּאֲשֶׁר-בָּא יוֹסֵף אֶל-אֶחָיו; וַיַּפְשִׁיטוּ אֶת-יוֹסֵף אֶת-כֻּתָּנְתּוֹ, אֶת-כְּתֹנֶת הַפַּסִּים אֲשֶׁר עָלָיו.
Y así fue que, cuando José llegó a sus hermanos, lo despojaron de su túnica — la túnica larga y ornamentada que llevaba puesta —nota
24
וַיִּקָּחֻהוּ--וַיַּשְׁלִכוּ אֹתוֹ, הַבֹּרָה; וְהַבּוֹר רֵק, אֵין בּוֹ מָיִם.
y lo tomaron y lo echaron en la cisterna; y la cisterna estaba vacía — no había agua en ella.nota
25
וַיֵּשְׁבוּ, לֶאֱכָל-לֶחֶם, וַיִּשְׂאוּ עֵינֵיהֶם וַיִּרְאוּ, וְהִנֵּה אֹרְחַת יִשְׁמְעֵאלִים בָּאָה מִגִּלְעָד; וּגְמַלֵּיהֶם נֹשְׂאִים, נְכֹאת וּצְרִי וָלֹט--הוֹלְכִים, לְהוֹרִיד מִצְרָיְמָה.
Y se sentaron a comer pan; y alzaron los ojos y miraron, y mira — una caravana de ismaelitas venía de Galaad, con sus camellos cargados de goma, bálsamo y ládano, y bajaban para llevarlo a Egipto.nota
26
וַיֹּאמֶר יְהוּדָה, אֶל-אֶחָיו: מַה-בֶּצַע, כִּי נַהֲרֹג אֶת-אָחִינוּ, וְכִסִּינוּ, אֶת-דָּמוֹ.
Y dijo Judá a sus hermanos: «¿Qué ganancia hay en que matemos a nuestro hermano y cubramos su sangre?nota
27
לְכוּ וְנִמְכְּרֶנּוּ לַיִּשְׁמְעֵאלִים, וְיָדֵנוּ אַל-תְּהִי-בוֹ, כִּי-אָחִינוּ בְשָׂרֵנוּ, הוּא; וַיִּשְׁמְעוּ, אֶחָיו.
Vengan, vendámoslo a los ismaelitas, y no esté nuestra mano sobre él — porque es nuestro hermano, nuestra carne». Y sus hermanos lo escucharon.nota
28
וַיַּעַבְרוּ אֲנָשִׁים מִדְיָנִים סֹחֲרִים, וַיִּמְשְׁכוּ וַיַּעֲלוּ אֶת-יוֹסֵף מִן-הַבּוֹר, וַיִּמְכְּרוּ אֶת-יוֹסֵף לַיִּשְׁמְעֵאלִים, בְּעֶשְׂרִים כָּסֶף; וַיָּבִיאוּ אֶת-יוֹסֵף, מִצְרָיְמָה.
Y pasaron unos hombres madianitas, mercaderes; y sacaron y subieron a José de la cisterna, y vendieron a José a los ismaelitas por veinte piezas de plata. Y llevaron a José a Egipto.nota
29
וַיָּשָׁב רְאוּבֵן אֶל-הַבּוֹר, וְהִנֵּה אֵין-יוֹסֵף בַּבּוֹר; וַיִּקְרַע, אֶת-בְּגָדָיו.
Y volvió Rubén a la cisterna, y mira — ¡José no estaba en la cisterna! Y rasgó sus vestidos.nota
30
וַיָּשָׁב אֶל-אֶחָיו, וַיֹּאמַר: הַיֶּלֶד אֵינֶנּוּ, וַאֲנִי אָנָה אֲנִי-בָא.
Y volvió a sus hermanos y dijo: «¡El muchacho no está! Y yo — ¿adónde iré?»nota
31
וַיִּקְחוּ, אֶת-כְּתֹנֶת יוֹסֵף; וַיִּשְׁחֲטוּ שְׂעִיר עִזִּים, וַיִּטְבְּלוּ אֶת-הַכֻּתֹּנֶת בַּדָּם.
Y tomaron la túnica de José, y degollaron un macho cabrío, y mojaron la túnica en la sangre.nota
32
וַיְשַׁלְּחוּ אֶת-כְּתֹנֶת הַפַּסִּים, וַיָּבִיאוּ אֶל-אֲבִיהֶם, וַיֹּאמְרוּ, זֹאת מָצָאנוּ: הַכֶּר-נָא, הַכְּתֹנֶת בִּנְךָ הִוא--אִם-לֹא.
Y enviaron la túnica larga y ornamentada, y la trajeron a su padre y dijeron: «Esto hemos hallado. Reconoce, por favor — ¿es la túnica de tu hijo, o no?»nota
33
וַיַּכִּירָהּ וַיֹּאמֶר כְּתֹנֶת בְּנִי, חַיָּה רָעָה אֲכָלָתְהוּ; טָרֹף טֹרַף, יוֹסֵף.
Y él la reconoció y dijo: «¡La túnica de mi hijo! Una mala bestia lo devoró — ¡ciertamente José ha sido despedazado!»nota
34
וַיִּקְרַע יַעֲקֹב שִׂמְלֹתָיו, וַיָּשֶׂם שַׂק בְּמָתְנָיו; וַיִּתְאַבֵּל עַל-בְּנוֹ, יָמִים רַבִּים.
Y Jacob rasgó sus vestiduras y puso tela de saco sobre sus lomos, y guardó luto por su hijo muchos días.nota
35
וַיָּקֻמוּ כָל-בָּנָיו וְכָל-בְּנֹתָיו לְנַחֲמוֹ, וַיְמָאֵן לְהִתְנַחֵם, וַיֹּאמֶר, כִּי-אֵרֵד אֶל-בְּנִי אָבֵל שְׁאֹלָה; וַיֵּבְךְּ אֹתוֹ, אָבִיו.
Y se levantaron todos sus hijos y todas sus hijas para consolarlo, pero él rehusó ser consolado, y dijo: «No — descenderé a mi hijo, enlutado, al Seol». Y su padre lo lloró.nota
36
וְהַמְּדָנִים--מָכְרוּ אֹתוֹ, אֶל-מִצְרָיִם: לְפוֹטִיפַר סְרִיס פַּרְעֹה, שַׂר הַטַּבָּחִים. {פ}
Y los medanitas lo vendieron en Egipto, a Potifar, funcionario de la corte del faraón, jefe de los verdugos. {פ}nota

Notas del traductor

Versículos 1–4 · unas «generaciones» que son un relato, y la túnica

Asentado en una tierra de no-asentamiento. El capítulo abre con un contraste deliberado con el que acaba de cerrarse. Esaú «se asentó» (vayyeshev) en la región montañosa de Seir — tierra suya (36:8). Jacob también «se asentó», pero en «la tierra de las peregrinaciones de su padre» — meguirim, el sustantivo de guer, «extranjero residente». Se asienta en una tierra de no asentarse. Es el mismo dolor que el libro viene presionando desde que Abraham enterró a Sara en la única parcela que jamás poseyó (23:4): el hermano que tomó otro país tiene hogar; el hermano que tiene la promesa tiene un arriendo.

Una fórmula de «generaciones» sin genealogía debajo. «Estas son las toledot de Jacob» — y entonces, en lugar de la lista de nombres que la fórmula ha producido nueve veces antes, viene un muchacho de diecisiete años y un rencor. Este es el último de los encabezados estructurales del libro y el único que rompe su propio patrón: las «generaciones» de Jacob no son una lista, son una trama. Génesis ha venido estrechándose todo el tiempo — despejando la línea lateral antes de seguir al elegido, Ismael antes de Isaac, Esaú antes de Jacob — y aquí el estrechamiento termina y el libro simplemente se vuelve un relato, corriendo ya sin interrupción hasta su último versículo.

El informe, y una palabra con futuro. José trae a su padre dibbatam ra'ah — su mal informe. Dibbah no es noticia neutral; es la palabra para una campaña de murmuración, y la Biblia la usa de los diez espías que traen «un mal informe de la tierra» que le cuesta la promesa a toda una generación (Números 13:32), y de Jeremías oyendo «la murmuración de muchos» de los hombres que traman su muerte (Jeremías 20:10). El texto no dice si el informe era cierto. Dice lo que hizo.

La prenda más famosa de la Biblia, y nadie sabe qué era. Ketonet passim son dos palabras: una ketonet es una túnica (la misma prenda que Dios hace para el hombre y su mujer en 3:21), y passim es un enigma. La RV60 lee «una túnica de diversos colores», herencia que no se tradujo del hebreo sino que se recibió: la Septuaginta conjeturó poikilos, «de muchos matices», y la Vulgata siguió con tunica polymita. Pero pas significa en otros lugares la palma de la mano o la planta del pie — es la palabra para la palma de la mano que escribe en el muro de Belsasar (Daniel 5:5) — lo que da una túnica que llega a las extremidades: de mangas largas y hasta los tobillos, la ropa de alguien que evidentemente no va a trabajar. La NVI opta por «una túnica muy elegante», reconociendo que el sentido es incierto. La única pista dura es que la frase aparece en un solo relato más de toda la Escritura: es lo que lleva puesto Tamar, hija de David — «porque así se vestían las hijas vírgenes del rey» — cuando su hermano la viola y ella la rasga (2 Samuel 13:18-19). Ambas prendas marcan favor real; ambas terminan rasgadas en un relato sobre un hermano violentado. Esta traducción lee «una túnica larga y ornamentada» — una prenda de rango, con la duda señalada en vez de tapada. Lo que importa a la trama no es su color sino su visibilidad: se la ve venir desde lejos (v. 18).

La palabra que no podían decir. «No podían hablarle en paz» — le-shalom. Casi todas las versiones lo suavizan a un adverbio («no podían hablarle pacíficamente»), que es buen castellano y pierde el sustantivo. Conserve el sustantivo, porque de él depende la trama: en once versículos el padre enviará a José a inspeccionar el shalom de ellos (v. 14). El encargo lleva el nombre de la misma palabra que ellos no logran pronunciar.

Versículos 5–11 · dos sueños, y un padre que no dice nada

Dicho dos veces, porque está decidido. José sueña el mismo mensaje en dos registros — agrícola y luego astronómico — y el propio Génesis dará más adelante la regla para leer eso: «el sueño se repitió a Faraón porque la cosa está firmemente establecida de parte de Dios, y Dios se apresura a hacerla» (41:32). La duplicación no es insistencia adolescente; es la firma que el texto usa para la certeza. Todo lo que los hermanos hacen para impedir estos sueños se convierte en la maquinaria que los cumple — se inclinarán ante él, en Egipto, porque allí lo vendieron.

«¿De veras reinarás sobre nosotros?» Los hermanos responden con dos infinitivos absolutos hebreos apilados por desprecio — hamalokh timlokh… im-mashol timshol, «¿reinando reinarás… dominando dominarás?». Y su segundo verbo viene cargado: mashal es el verbo que Dios usó sobre la mujer en el jardín («él te dominará», 3:16) y sobre el pecado agazapado de Caín («tú debes dominarlo», 4:7). Ha sido, desde el principio, una palabra sobre quién está por encima de quién — y los hermanos la escupen de vuelta como acusación. Han entendido el sueño exactamente. Precisamente por eso lo odian.

La madre que no está. La reprensión de Jacob supone un reparto de tres: «yo y tu madre y tus hermanos». Pero Raquel murió dos capítulos atrás, en el camino a Belén (35:19). Los lectores han manejado el pliegue de tres maneras: Rashi entendió que Jacob argumentaba desde lo imposible («tu madre está muerta — hasta ahí llega tu sueño»); otros leen a Bilhá, la madre de crianza que educó a José tras la muerte de Raquel; otros toman el sol, la luna y once estrellas como una figura astronómica fija — una casa completa, esquemática más que un censo. El texto no elige, y esta traducción tampoco.

Dos reacciones, y solo una se dice en voz alta. «Sus hermanos le tuvieron envidia; pero su padre guardó el asunto» — shamar et-hadavar, el verbo de guardar, vigilar, custodiar un encargo. Jacob reprende al muchacho en voz alta y archiva el sueño en silencio. Es el primer indicio de que el padre medio lo cree. La RV60 traduce «su padre meditaba en esto», la NVI «su padre meditaba en todo esto» — ambas alcanzando la misma contención. Lucas usará el gesto idéntico, en griego, de otro padre o madre sosteniendo sin comentario el destino inexplicable de un hijo: «su madre guardaba todas estas cosas en su corazón» (Lucas 2:51).

Versículos 12–17 · enviado a Siquem — y un desconocido en el campo

De todos los lugares para apacentar un rebaño. Los hermanos están pastoreando «en Siquem» — el pueblo donde Simeón y Leví mataron a todo varón y saquearon la ciudad tres capítulos atrás (34:25-29), y tras lo cual Jacob dijo con terror evidente: «me han hecho odioso entre los habitantes de esta tierra… yo soy pocos en número, y se juntarán contra mí y me herirán» (34:30). Han vuelto derecho a la escena. El texto no ofrece comentario alguno — simplemente pone el nombre ahí y deja que el lector recuerde. Y a ese lugar el padre envía a su favorito, solo y desarmado.

«Heme aquí». La única palabra con que José responde es hineni — la respuesta de disponibilidad total que este libro ha usado en exactamente otro punto de bisagra: la Aqedá, donde Abraham la dice tres veces, y donde un padre toma al hijo amado, al hijo que ama, y sube un monte para matarlo (22:1, 22:7, 22:11). Aquí un padre envía a un hijo amado a un viaje que el lector ya sabe que terminará con sus ropas empapadas en sangre y devueltas a ese padre. La diferencia es la que importa: en Moriah una voz del cielo detuvo el cuchillo. En este capítulo el cielo no dice absolutamente nada. Dios no es nombrado ni una sola vez en Génesis 37 — el único capítulo de la historia de José donde el narrador lo deja desaparecer del todo, justo donde uno más lo querría.

El encargo. «Mira si tus hermanos están en shalom» — la palabra del versículo 4, ahora puesta en boca del padre como una pregunta inocente. Está preguntando lo único que ya tiene respuesta.

El hombre en el campo. José anda to'eh — «errante», extraviado, perdido; es el participio que se usa de una oveja descarriada, y de Agar «errante por el desierto de Beerseba» (21:14). Y entonces, durante tres versículos, la historia se detiene por un desconocido anónimo. No tiene nombre, ni linaje, ni más función que redirigir la trama: sin su retazo de conversación oída al pasar, José vuelve a casa, y no hay Egipto, ni socorro en el hambre, ni éxodo. La tradición judía, incómoda con un accidente de ese tamaño, lo identificó con el ángel Gabriel (así Rashi, siguiendo el Midrash). El hebreo dice solamente ish, «un hombre». Esta traducción lo deja hombre, porque la llaneza es el punto: todo el futuro de la familia gira sobre un transeúnte que dio la casualidad de estar escuchando.

Dotán. Un lugar real — Tel Dotán, unos veintiún kilómetros al norte de Siquem, excavado en los años cincuenta y sesenta y hallado ocupado de forma continua a lo largo de las edades del Bronce y del Hierro. Está sobre la ruta de caravanas que corre desde Galaad hacia la costa y Egipto, que es exactamente por qué una caravana de especias aparece en el versículo 25. Es también donde el criado de Eliseo despertará un día para hallar los montes llenos de caballos y carros de fuego (2 Reyes 6:13-17) — el mismo pueblo, y la otra clase de mañana.

Versículos 18–24 · la trama, el señor de los sueños, y la cisterna vacía

Tramar, en una familia que ya lo ha hecho antes. Vayyitnakkelu — «tramaron, actuaron con astucia» — es un verbo raro y feo. Esta casa tiene un largo historial con la astucia: Jacob tomó la bendición be-mirmah, «con engaño» (27:35); Labán se lo devolvió con la misma palabra en la boda (29:25); los propios hijos de Jacob respondieron a Siquem «con engaño» (34:13). Ha ido pasando como una herencia, y ahora apunta al propio niño de la familia.

«Este señor de los sueños». Ba'al ha-jalomot ha-lazeh — literalmente «el dueño de los sueños, este de aquí». Ba'al significa poseedor o propietario; ha-lazeh es un demostrativo con un rizo de desprecio, algo como «este ejemplar». La RV60 lo aplana a «he aquí viene el soñador», la NVI a «ahí viene ese soñador» — legibles ambas, ambas un poco demasiado corteses. El hebreo es una burla dirigida a un cargo, y esta traducción la conserva: «este señor de los sueños».

La mentira que inventan, y que volverán a oír. «Diremos: "Una mala bestia lo devoró"» — y trece versículos después el padre se la dice de vuelta, palabra por palabra, como conclusión propia (v. 33). Ni siquiera tienen que contar la mentira; solo tienen que dejar la túnica donde haga el trabajo, y el hombre que llora suministra la frase él mismo. El texto pone las dos líneas lo bastante cerca para que el lector oiga el eco — y los hermanos, allí de pie, tienen que oírlo también.

El medio rescate de Rubén. El primogénito interviene — «no hiramos de muerte una vida» (néfesh, la misma palabra que el «ser viviente» del relato de la creación) — pero interviene por componenda: no lo maten, solo échenlo en una cisterna, y yo volveré por él después. Nunca dice «déjenlo ir». Es además, recuerda el lector, el hijo que se acostó con la concubina de su padre (35:22) y tiene terreno que recuperar; el narrador nos da calladamente su motivo privado — «para devolverlo a su padre» — y luego se las arregla para que esté ausente en el único momento en que importaba. El intento de rescate que habla en lugar de actuar es uno de los fracasos más reconocibles del libro.

«Y la cisterna estaba vacía; no había agua en ella». Una frase famosamente redundante — si está vacía, por supuesto que no hay agua — y una que la tradición nunca ha podido dejar en paz. El Talmud saca la sombría inferencia práctica: no había agua, pero el lector no debería suponer que no había nada en ella (Shabat 22a). La lectura más llana es que la segunda cláusula es el narrador asegurándose de que entendamos qué clase de hoyo es este: una cisterna seca, un corte en la roca en forma de botella, de paredes lisas, de varios hombres de hondo, imposible de escalar. No corre peligro de ahogarse. Está en un jarro de piedra. Y los hermanos, versículo 25, se sientan al lado a almorzar.

Versículos 25–30 · ¿qué ganancia? — y la venta que nadie logra desenredar del todo

Una caravana de primos. Los mercaderes que asoman por la colina son ismaelitas — descendientes de Ismael, el otro hijo de Abraham, el muchacho que también fue echado a un desierto por una familia que prefirió al hermano menor (21:14). Sus camellos cargan nekot, tsorí, va-lot — goma tragacanto, bálsamo y ládano: resinas, los artículos de lujo de la ruta del incienso. Es el flete del comercio de Galaad a Egipto, y Jacob enviará un día esos mismísimos tres artículos de vuelta por ese camino como regalo al funcionario egipcio que no sabe que es su hijo (43:11). El lector está viendo a un muchacho partir dentro de un cargamento en el que después le enviarán presentes.

«¿Qué ganancia hay?» La primera palabra de Judá es betsa — no un lucro neutral sino el sustantivo cargado de tajada, corte, ganancia injusta, la palabra que los profetas usan para el soborno. Jeremías la apuntará contra un rey de Judá cuyos «ojos y corazón no están sino en tu ganancia injusta» (Jeremías 22:17). La propuesta de Judá suele leerse como misericordia — y sí salva la vida de José, y los hermanos sí se detienen antes del homicidio — pero la frase con que la vende es la de un contador. No dice «es nuestro hermano, no podemos»; dice que matarlo no tiene margen. La RV60 capta esto con exactitud con «¿qué provecho hay en que matemos a nuestro hermano?». Luego añade la cláusula piadosa — «porque es nuestro hermano, nuestra carne» — el lenguaje del parentesco desplegado como argumento de cierre para una venta.

Y cubrir la sangre. «…y cubramos su sangre» — la frase alcanza hacia atrás al primer homicidio de este libro, donde la sangre que no fue cubierta clamaba desde la tierra (4:10). Job lo dice como oración: «Tierra, no cubras mi sangre» (Job 16:18). El plan de Judá es precisamente hacer que la tierra se calle.

La costura que esta traducción no alisa. El versículo 28 es la frase más discutida del capítulo, y la dificultad es real: pasan unos mercaderes madianitas; ellos sacan a José de la cisterna y lo venden a los ismaelitas. Gramaticalmente el sujeto más cercano de «sacaron» y «vendieron» son los madianitas, no los hermanos — pero José dirá luego a sus hermanos sin rodeos: «yo soy José vuestro hermano, el que vendisteis para Egipto» (45:4). Después el versículo 36 tiene a los medanitas — una tercera grafía — vendiéndolo a Potifar, mientras 39:1 dice que Potifar lo compró «de mano de los ismaelitas». Dos lecturas, ambas serias: (a) la explicación crítica estándar ve dos relatos trenzados — uno en que Judá persuade a sus hermanos de vender a José a ismaelitas, otro en que Rubén planea un rescate y unos madianitas de paso roban al muchacho de la cisterna antes de que los hermanos actúen, lo que haría a los hermanos culpables de la intención y no de la transacción. (b) La lectura armonizadora trata los dos nombres como términos solapados para los mismos caravaneros — y cuenta con una prueba genuinamente fuerte: Jueces 8 habla de un ejército llamado explícitamente madianita, y luego explica sus zarcillos de oro con «porque eran ismaelitas» (Jueces 8:24), usando ambas palabras indistintamente en un mismo aliento. Esta traducción conserva el «ellos» indeterminado del hebreo, porque la ambigüedad está en el texto y quitarla es una decisión, no una traducción.

Veinte piezas de plata. No es una cifra arbitraria: Levítico fijará más tarde la valoración de un varón de entre cinco y veinte años en exactamente veinte siclos (Levítico 27:5). José tiene diecisiete. Se le vende por la tarifa institucional vigente para un muchacho de su edad — el precio es correcto, y ahí está el horror. Los lectores han oído desde antiguo la rima posterior, un descendiente de Judá tasado en treinta piezas (Zacarías 11:12; Mateo 26:15); Génesis no hace nada de ello, y nosotros tampoco.

«Y yo — ¿adónde iré?» Rubén vuelve a un hoyo vacío y rasga sus vestidos — el primero de los dos rasgados de ropa del capítulo, y conviene notar que el segundo es el de su padre (v. 34), por el mismo muchacho, por una mentira que Rubén pudo haber detenido. Su grito son cuatro palabras hebreas casi impuntuables: va-aní ana aní-va, «y yo, ¿adónde voy yo?». No es duelo por José. Es el hijo mayor calculando lo que esto va a costarle.

Versículos 31–36 · «reconoce, por favor» — el engañador engañado, y el Seol

Un cabrito, una prenda y un anciano ciego: ya ha ocurrido en esta casa. Esta es la jugada maestra del capítulo, y está construida enteramente con utilería repetida. Para robar la bendición de su hermano, Jacob tomó las vestiduras de su hermano y se cubrió con las pieles de cabritos, y entró ante un padre cuyos ojos estaban demasiado apagados para ver (27:15-16). Ahora sus hijos toman la vestidura de su hijo favorito, degüellan un macho cabrío, mojan la una en la sangre del otro, y se la llevan a un padre que no puede ver lo que pasó. Los rabinos lo dicen sin rodeos (Génesis Rabá 84:19): con un cabrito engañó a su padre, y con un cabrito fue engañado. Génesis nunca lo dice. Solo le entrega el cabrito.

Las dos palabras más peligrosas del vocabulario de esta familia. «Haker-nareconoce, por favor». El verbo es nakar, reconocer, identificar, admitir — y es el verbo exacto que falló en el lecho anterior: Isaac «no lo reconoció, porque sus manos eran vellosas como las manos de su hermano Esaú» (27:23). Allí el padre no logró reconocer a un hijo que estaba presente; aquí el padre reconoce a un hijo que no lo está. Y las palabras vuelven un capítulo después con precisión terrible: cuando Judá — el hermano que propuso la venta — es confrontado por Tamar con la prenda que él le dejó, ella se la envía con la frase idéntica, «haker-na, reconoce, por favor, de quién son estas cosas» (38:25). El hombre que envió haker-na a su padre recibe haker-na de su nuera. Por eso el capítulo 38, tantas veces desechado como una interrupción de la historia de José, está exactamente donde está: es el comentario del propio libro sobre esta escena.

La mentira se completa sola. Los hermanos hacen una pregunta y no ofrecen nada — «esto hemos hallado». Nunca dicen la palabra «bestia». Jacob sí, citando sin que nadie se lo pida la invención del versículo 20, y luego añade su propio floreo: tarof toraf Yosef, «despedazado, despedazado ha sido José», otro infinitivo absoluto — la misma duplicación-por-certeza que usaron los sueños, ahora al servicio de una falsedad. Es el más seguro de todos en el capítulo, y está equivocado.

La tela de saco, estrenada aquí. Saq — burda tela oscura de pelo de cabra — hace su primera aparición en la Biblia en este versículo, sobre Jacob, y será el atuendo estándar del duelo y el arrepentimiento en todo el resto del canon, desde el rey de Nínive hasta los dos testigos del Apocalipsis (Jonás 3:6; Apocalipsis 11:3). La prenda de luto entra en la Escritura como la respuesta de un padre a una mentira.

El primer Seol. «Descenderé a mi hijo, enlutado, al Seol» — y esta es la primera aparición de la palabra en toda la Biblia, lo que convierte su traducción en una decisión sobre mucho más que un versículo. Seol es el ámbito hebreo de los muertos: abajo, oscuro, silencioso y — crucialmente — adonde va todo el mundo, justos e impíos por igual; no es un lugar de castigo, y la Biblia hebrea no tiene otra palabra que oponerle. Aquí la RV60 hace lo honesto y simplemente translitera, «Seol», negándose a decidir con una traducción lo que el hebreo deja abierto — y esta traducción la sigue por sus méritos. La NVI, en cambio, aplana la palabra a «sepulcro», lo que se lee con suavidad pero le quita al lector castellano la posibilidad de ver que Jacob, Job, David e Isaías están hablando de una sola cosa. Es el mismo principio que «bóveda» para raqia y «costado» para tsela: donde la palabra familiar importa una idea que el hebreo no tiene, conserve el hebreo y explíquelo.

Rehusó ser consolado. Vayemaén lehitnajem — de najam, el verbo que este libro viene dando vueltas desde que Lamec nombró a su hijo Noé, «este nos traerá consuelo» (5:29), y desde que se dijo que Dios mismo najam, que le pesó haber hecho al ser humano (6:6). Aquí se lo rehúsa. Y al rechazo le queda una vida más: Jeremías verá a Raquel — la propia madre de José, sepultada en el camino de Belén dos capítulos atrás (35:19) — «llorando por sus hijos, rehusando ser consolada, porque no existen» (Jeremías 31:15), y Mateo oirá ese versículo otra vez sobre los niños de Belén (Mateo 2:18). La madre que rehúsa consuelo y el padre que rehúsa consuelo son la misma familia, con las mismas palabras, sobre la misma línea de un hijo.

Un funcionario de la corte, y un título con olor a sangre. El último versículo entrega a José a Potifar, seris Par'oh, sar ha-tabbajim. Saris es la palabra de funcionario cortesano — puede significar un eunuco literal, y a menudo lo significa, aunque se usa también en general de cualquier alto funcionario (por eso Potifar tenga mujer no es la contradicción que parece). Sar ha-tabbajim es más extraño: tabbaj es un carnicero o degollador, de modo que la frase es literalmente «jefe de los degolladores» — lo que las versiones vierten «capitán de la guardia» sobre la base razonable de que el oficio de una guardia real incluye las ejecuciones. Esta traducción lee «jefe de los verdugos», porque eso es lo que significa sin ambigüedad el equivalente arameo cuando el mismo cargo aparece en Babilonia — Arioc, «jefe de los verdugos», que viene a matar a los sabios (Daniel 2:14). Y con ese título las dos historias se alinean: un muchacho hebreo, llevado joven a un imperio mundial, entregado al funcionario principal de un rey extranjero, que leerá sueños que nadie más puede leer y ascenderá hasta ser el segundo del reino. Génesis acaba de escribir la apertura de Daniel.

Patrones que vale la pena recordar

Dónde esta traducción mantiene las palabras exactas / distintas: «una túnica larga y ornamentada» para ketonet passim, con el linaje de «diversos colores» expuesto y la incertidumbre señalada en vez de tapada; «Seol» sin traducir en su primera aparición en la Biblia; «hablarle en paz», conservando shalom como sustantivo para que el encargo del v. 14 caiga sobre él; «mal informe» para dibbah; «este señor de los sueños» para la burla de los hermanos; «qué ganancia» para el betsa de Judá; «jefe de los verdugos» para sar ha-tabbajim; y el «ellos» indeterminado del v. 28 dejado indeterminado.

Ecos pagados. Hineni — «Heme aquí» — desde la Aqedá (22:1) hasta otro hijo amado enviado hacia la muerte, esta vez sin voz del cielo; toledot, la viga estructural del libro, usada por última vez y abierta en un relato; mashal, «dominar», llevado desde 3:16 y 4:7 hasta la burla de los hermanos; el cabrito y la prenda de 27:15-16 devueltos contra Jacob; nakar, el verbo que falló junto al lecho de Isaac (27:23), acertando aquí sobre una túnica ensangrentada; najam, el consuelo prometido al nombrar a Noé (5:29), rehusado; y Siquem, el campo de matanza del capítulo 34, elegido como pastizal.

Ecos plantados. Haker-na, «reconoce, por favor», que vuelve en un solo capítulo para atrapar al propio Judá (38:25); los sueños que se duplican «porque la cosa está firmemente establecida de parte de Dios» (41:32); la goma, el bálsamo y el ládano que bajan a Egipto y volverán a subir como regalo (43:11); los hermanos que se inclinarán (42:6); la primogenitura perdida de Rubén y el cetro de Judá (49:3-10); la tela de saco que vestirá a todo doliente desde Nínive hasta el Apocalipsis; Raquel rehusando consuelo (Jeremías 31:15 → Mateo 2:18); y un joven hebreo leyendo sueños en una corte extranjera — el libro entero de Daniel, esbozado en la última línea de este capítulo.

Próxima entrega de este libro: Génesis 38 — el relato se detiene en seco y se vuelve a Judá: su matrimonio cananeo, las muertes de Er y Onán, y Tamar junto al camino con un velo, que toma su sello, su cordón y su báculo, y se los devuelve con las dos palabras que él le enseñó a su padre: «reconoce, por favor».

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