1
וְהַמֶּלֶךְ דָּוִד זָקֵן, בָּא בַּיָּמִים; וַיְכַסֻּהוּ, בַּבְּגָדִים, וְלֹא יִחַם, לוֹ.
Y el rey David era viejo, entrado en días; y lo cubrían con ropas, pero no se calentaba.
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2
וַיֹּאמְרוּ לוֹ עֲבָדָיו, יְבַקְשׁוּ לַאדֹנִי הַמֶּלֶךְ נַעֲרָה בְתוּלָה, וְעָמְדָה לִפְנֵי הַמֶּלֶךְ, וּתְהִי-לוֹ סֹכֶנֶת; וְשָׁכְבָה בְחֵיקֶךָ, וְחַם לַאדֹנִי הַמֶּלֶךְ.
Y le dijeron sus siervos: «Busquen para mi señor el rey una joven virgen, y que esté delante del rey y sea su cuidadora; y que se acueste en tu seno, y se calentará mi señor el rey».
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3
וַיְבַקְשׁוּ נַעֲרָה יָפָה, בְּכֹל גְּבוּל יִשְׂרָאֵל; וַיִּמְצְאוּ, אֶת-אֲבִישַׁג הַשּׁוּנַמִּית, וַיָּבִאוּ אֹתָהּ, לַמֶּלֶךְ.
Y buscaron una joven hermosa por todo el territorio de Israel, y hallaron a Abisag la sunamita, y la trajeron al rey.
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4
וְהַנַּעֲרָה, יָפָה עַד-מְאֹד; וַתְּהִי לַמֶּלֶךְ סֹכֶנֶת וַתְּשָׁרְתֵהוּ, וְהַמֶּלֶךְ לֹא יְדָעָהּ.
Y la joven era hermosísima; y fue cuidadora del rey y le servía, pero el rey no la conoció.
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5
וַאֲדֹנִיָּה בֶן-חַגִּית מִתְנַשֵּׂא לֵאמֹר, אֲנִי אֶמְלֹךְ; וַיַּעַשׂ לוֹ, רֶכֶב וּפָרָשִׁים, וַחֲמִשִּׁים אִישׁ, רָצִים לְפָנָיו.
Y Adonías hijo de Haguit se ensalzaba a sí mismo, diciendo: «Yo reinaré». E hizo para sí carro y jinetes, y cincuenta hombres que corrieran delante de él.
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6
וְלֹא-עֲצָבוֹ אָבִיו מִיָּמָיו לֵאמֹר, מַדּוּעַ כָּכָה עָשִׂיתָ; וְגַם-הוּא טוֹב-תֹּאַר מְאֹד, וְאֹתוֹ יָלְדָה אַחֲרֵי אַבְשָׁלוֹם.
Y su padre nunca lo había apenado en todos sus días diciéndole: «¿Por qué has hecho así?». Y él también era de muy buen parecer; y ella lo había dado a luz después de Absalón.
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7
וַיִּהְיוּ דְבָרָיו--עִם יוֹאָב בֶּן-צְרוּיָה, וְעִם אֶבְיָתָר הַכֹּהֵן; וַיַּעְזְרוּ, אַחֲרֵי אֲדֹנִיָּה.
Y sus tratos eran con Joab hijo de Sarvia y con Abiatar el sacerdote, y ellos le prestaban ayuda, siguiendo a Adonías.
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8
וְצָדוֹק הַכֹּהֵן וּבְנָיָהוּ בֶן-יְהוֹיָדָע וְנָתָן הַנָּבִיא, וְשִׁמְעִי וְרֵעִי, וְהַגִּבּוֹרִים, אֲשֶׁר לְדָוִד--לֹא הָיוּ, עִם-אֲדֹנִיָּהוּ.
Pero Sadoc el sacerdote, y Benaía hijo de Joiada, y Natán el profeta, y Simei, y Rei, y los valientes que tenía David, no estaban con Adonías.
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9
וַיִּזְבַּח אֲדֹנִיָּהוּ, צֹאן וּבָקָר וּמְרִיא, עִם אֶבֶן הַזֹּחֶלֶת, אֲשֶׁר-אֵצֶל עֵין רֹגֵל; וַיִּקְרָא, אֶת-כָּל-אֶחָיו בְּנֵי הַמֶּלֶךְ, וּלְכָל-אַנְשֵׁי יְהוּדָה, עַבְדֵי הַמֶּלֶךְ.
Y Adonías sacrificó ovejas y bueyes y animales cebados junto a la peña de Zohélet, que está al lado de En-rogel; e invitó a todos sus hermanos, los hijos del rey, y a todos los hombres de Judá, siervos del rey.
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10
וְאֶת-נָתָן הַנָּבִיא וּבְנָיָהוּ וְאֶת-הַגִּבּוֹרִים, וְאֶת-שְׁלֹמֹה אָחִיו--לֹא קָרָא.
Pero a Natán el profeta, y a Benaía, y a los valientes, y a Salomón su hermano, no los invitó.
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11
וַיֹּאמֶר נָתָן, אֶל-בַּת-שֶׁבַע אֵם-שְׁלֹמֹה לֵאמֹר, הֲלוֹא שָׁמַעַתְּ, כִּי מָלַךְ אֲדֹנִיָּהוּ בֶן-חַגִּית; וַאֲדֹנֵינוּ דָוִד, לֹא יָדָע.
Y dijo Natán a Betsabé, madre de Salomón: «¿No has oído que Adonías hijo de Haguit se ha hecho rey, y nuestro señor David no lo sabe?
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12
וְעַתָּה, לְכִי אִיעָצֵךְ נָא עֵצָה: וּמַלְּטִי, אֶת-נַפְשֵׁךְ, וְאֶת-נֶפֶשׁ בְּנֵךְ, שְׁלֹמֹה.
Ven ahora, permíteme darte un consejo, para que salves tu propia vida y la vida de tu hijo Salomón.
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13
לְכִי וּבֹאִי אֶל-הַמֶּלֶךְ דָּוִד, וְאָמַרְתְּ אֵלָיו הֲלֹא-אַתָּה אֲדֹנִי הַמֶּלֶךְ נִשְׁבַּעְתָּ לַאֲמָתְךָ לֵאמֹר, כִּי-שְׁלֹמֹה בְנֵךְ יִמְלֹךְ אַחֲרַי, וְהוּא יֵשֵׁב עַל-כִּסְאִי; וּמַדּוּעַ, מָלַךְ אֲדֹנִיָּהוּ.
Ve y entra al rey David, y dile: “¿No juraste tú, mi señor el rey, a tu sierva, diciendo: ‘Salomón tu hijo reinará después de mí, y él se sentará en mi trono’? ¿Por qué, pues, se ha hecho rey Adonías?”.
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14
הִנֵּה, עוֹדָךְ מְדַבֶּרֶת שָׁם--עִם-הַמֶּלֶךְ; וַאֲנִי אָבוֹא אַחֲרַיִךְ, וּמִלֵּאתִי אֶת-דְּבָרָיִךְ.
Y mira: mientras tú todavía estés allí hablando con el rey, yo entraré detrás de ti y completaré tus palabras».
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15
וַתָּבֹא בַת-שֶׁבַע אֶל-הַמֶּלֶךְ הַחַדְרָה, וְהַמֶּלֶךְ זָקֵן מְאֹד; וַאֲבִישַׁג, הַשּׁוּנַמִּית, מְשָׁרַת, אֶת-הַמֶּלֶךְ.
Y entró Betsabé al rey, a la habitación interior; y el rey era muy viejo, y Abisag la sunamita servía al rey.
nota
16
וַתִּקֹּד בַּת-שֶׁבַע, וַתִּשְׁתַּחוּ לַמֶּלֶךְ; וַיֹּאמֶר הַמֶּלֶךְ, מַה-לָּךְ.
Y se inclinó Betsabé y se postró ante el rey. Y dijo el rey: «¿Qué quieres?».
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17
וַתֹּאמֶר לוֹ, אֲדֹנִי אַתָּה נִשְׁבַּעְתָּ בַּיהוָה אֱלֹהֶיךָ לַאֲמָתֶךָ, כִּי-שְׁלֹמֹה בְנֵךְ, יִמְלֹךְ אַחֲרָי; וְהוּא, יֵשֵׁב עַל-כִּסְאִי.
Y ella le dijo: «Señor mío, tú mismo juraste por Jehová tu Dios a tu sierva: ‘Salomón tu hijo reinará después de mí, y él se sentará en mi trono’.
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18
וְעַתָּה, הִנֵּה אֲדֹנִיָּה מָלָךְ; וְעַתָּה אֲדֹנִי הַמֶּלֶךְ, לֹא יָדָעְתָּ.
Y ahora, mira: Adonías se ha hecho rey; y ahora, señor mío el rey, tú no lo sabes.
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19
וַיִּזְבַּח שׁוֹר וּמְרִיא-וְצֹאן, לָרֹב, {פ} וַיִּקְרָא לְכָל-בְּנֵי הַמֶּלֶךְ, וּלְאֶבְיָתָר הַכֹּהֵן וּלְיֹאָב שַׂר הַצָּבָא; וְלִשְׁלֹמֹה עַבְדְּךָ, לֹא קָרָא.
Y ha sacrificado bueyes y animales cebados y ovejas en abundancia, y ha invitado a todos los hijos del rey y a Abiatar el sacerdote y a Joab el jefe del ejército; pero a Salomón tu siervo no lo ha invitado.
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20
וְאַתָּה אֲדֹנִי הַמֶּלֶךְ, עֵינֵי כָל-יִשְׂרָאֵל עָלֶיךָ: לְהַגִּיד לָהֶם--מִי יֵשֵׁב עַל-כִּסֵּא אֲדֹנִי-הַמֶּלֶךְ, אַחֲרָיו.
Y tú, señor mío el rey: los ojos de todo Israel están sobre ti, para que les declares quién se ha de sentar en el trono de mi señor el rey después de él.
nota
21
וְהָיָה, כִּשְׁכַב אֲדֹנִי-הַמֶּלֶךְ עִם-אֲבֹתָיו; וְהָיִיתִי, אֲנִי וּבְנִי שְׁלֹמֹה--חַטָּאִים.
De otro modo sucederá que, cuando mi señor el rey duerma con sus padres, yo y mi hijo Salomón seremos tenidos por culpables».
nota
22
וְהִנֵּה עוֹדֶנָּה מְדַבֶּרֶת, עִם-הַמֶּלֶךְ; וְנָתָן הַנָּבִיא, בָּא.
Y mira: mientras ella aún hablaba con el rey, entró Natán el profeta.
nota
23
וַיַּגִּידוּ לַמֶּלֶךְ לֵאמֹר, הִנֵּה נָתָן הַנָּבִיא; וַיָּבֹא לִפְנֵי הַמֶּלֶךְ, וַיִּשְׁתַּחוּ לַמֶּלֶךְ עַל-אַפָּיו אָרְצָה.
Y avisaron al rey: «Aquí está Natán el profeta». Y él entró delante del rey y se postró ante el rey con el rostro en tierra.
nota
24
וַיֹּאמֶר, נָתָן, אֲדֹנִי הַמֶּלֶךְ, אַתָּה אָמַרְתָּ אֲדֹנִיָּהוּ יִמְלֹךְ אַחֲרָי; וְהוּא, יֵשֵׁב עַל-כִּסְאִי.
Y dijo Natán: «Señor mío el rey, ¿has dicho tú: “Adonías reinará después de mí, y él se sentará en mi trono”?
nota
25
כִּי יָרַד הַיּוֹם, וַיִּזְבַּח שׁוֹר וּמְרִיא-וְצֹאן לָרֹב, וַיִּקְרָא לְכָל-בְּנֵי הַמֶּלֶךְ וּלְשָׂרֵי הַצָּבָא וּלְאֶבְיָתָר הַכֹּהֵן, וְהִנָּם אֹכְלִים וְשֹׁתִים לְפָנָיו; וַיֹּאמְרוּ, יְחִי הַמֶּלֶךְ אֲדֹנִיָּהוּ.
Porque hoy ha bajado y ha sacrificado bueyes y animales cebados y ovejas en abundancia, y ha invitado a todos los hijos del rey y a los jefes del ejército y a Abiatar el sacerdote; y mira: están comiendo y bebiendo delante de él, y han dicho: “¡Viva el rey Adonías!”.
nota
26
וְלִי אֲנִי-עַבְדֶּךָ וּלְצָדֹק הַכֹּהֵן וְלִבְנָיָהוּ בֶן-יְהוֹיָדָע, וְלִשְׁלֹמֹה עַבְדְּךָ--לֹא קָרָא.
Pero a mí, a mí tu siervo, y a Sadoc el sacerdote, y a Benaía hijo de Joiada, y a Salomón tu siervo, no los ha invitado.
nota
27
אִם, מֵאֵת אֲדֹנִי הַמֶּלֶךְ, נִהְיָה, הַדָּבָר הַזֶּה; וְלֹא הוֹדַעְתָּ, אֶת-עבדיך עַבְדְּךָ, מִי יֵשֵׁב עַל-כִּסֵּא אֲדֹנִי-הַמֶּלֶךְ, אַחֲרָיו. {ס}
Si esto ha sido hecho de parte de mi señor el rey, entonces no has dado a conocer a tu siervo quién había de sentarse en el trono de mi señor el rey después de él».
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28
וַיַּעַן הַמֶּלֶךְ דָּוִד וַיֹּאמֶר, קִרְאוּ-לִי לְבַת-שָׁבַע; וַתָּבֹא לִפְנֵי הַמֶּלֶךְ, וַתַּעֲמֹד לִפְנֵי הַמֶּלֶךְ.
Y respondió el rey David y dijo: «Llámenme a Betsabé». Y ella entró delante del rey y se puso delante del rey.
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29
וַיִּשָּׁבַע הַמֶּלֶךְ, וַיֹּאמַר: חַי-יְהוָה, אֲשֶׁר-פָּדָה אֶת-נַפְשִׁי מִכָּל-צָרָה.
Y juró el rey y dijo: «Vive Jehová, que ha rescatado mi alma de toda angustia:
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30
כִּי כַּאֲשֶׁר נִשְׁבַּעְתִּי לָךְ בַּיהוָה אֱלֹהֵי יִשְׂרָאֵל, לֵאמֹר, כִּי-שְׁלֹמֹה בְנֵךְ יִמְלֹךְ אַחֲרַי, וְהוּא יֵשֵׁב עַל-כִּסְאִי תַּחְתָּי: כִּי כֵּן אֶעֱשֶׂה, הַיּוֹם הַזֶּה.
como te juré por Jehová el Dios de Israel, diciendo: ‘Salomón tu hijo reinará después de mí, y él se sentará en mi trono en mi lugar’, así lo haré hoy mismo».
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31
וַתִּקֹּד בַּת-שֶׁבַע אַפַּיִם אֶרֶץ, וַתִּשְׁתַּחוּ לַמֶּלֶךְ; וַתֹּאמֶר--יְחִי אֲדֹנִי הַמֶּלֶךְ דָּוִד, לְעֹלָם. {פ}
Y se inclinó Betsabé con el rostro a tierra y se postró ante el rey, y dijo: «¡Viva para siempre mi señor el rey David!».
nota
32
וַיֹּאמֶר הַמֶּלֶךְ דָּוִד, קִרְאוּ-לִי לְצָדוֹק הַכֹּהֵן וּלְנָתָן הַנָּבִיא, וְלִבְנָיָהוּ, בֶּן-יְהוֹיָדָע; וַיָּבֹאוּ, לִפְנֵי הַמֶּלֶךְ.
Y dijo el rey David: «Llámenme a Sadoc el sacerdote, y a Natán el profeta, y a Benaía hijo de Joiada». Y ellos entraron delante del rey.
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33
וַיֹּאמֶר הַמֶּלֶךְ לָהֶם, קְחוּ עִמָּכֶם אֶת-עַבְדֵי אֲדֹנֵיכֶם, וְהִרְכַּבְתֶּם אֶת-שְׁלֹמֹה בְנִי, עַל-הַפִּרְדָּה אֲשֶׁר-לִי; וְהוֹרַדְתֶּם אֹתוֹ, אֶל-גִּחוֹן.
Y el rey les dijo: «Tomen con ustedes a los siervos de su señor, y monten a Salomón mi hijo en la mula que es mía, y bájenlo a Guihón.
nota
34
וּמָשַׁח אֹתוֹ שָׁם צָדוֹק הַכֹּהֵן וְנָתָן הַנָּבִיא, לְמֶלֶךְ--עַל-יִשְׂרָאֵל; וּתְקַעְתֶּם, בַּשּׁוֹפָר, וַאֲמַרְתֶּם, יְחִי הַמֶּלֶךְ שְׁלֹמֹה.
Y allí lo ungirán Sadoc el sacerdote y Natán el profeta por rey sobre Israel; y toquen el cuerno de carnero y digan: “¡Viva el rey Salomón!”.
nota
35
וַעֲלִיתֶם אַחֲרָיו, וּבָא וְיָשַׁב עַל-כִּסְאִי, וְהוּא יִמְלֹךְ, תַּחְתָּי; וְאֹתוֹ צִוִּיתִי לִהְיוֹת נָגִיד, עַל-יִשְׂרָאֵל וְעַל-יְהוּדָה.
Luego suban tras él, y venga y se siente en mi trono, y él reinará en mi lugar; porque a él lo he designado para ser caudillo sobre Israel y sobre Judá».
nota
36
וַיַּעַן בְּנָיָהוּ בֶן-יְהוֹיָדָע אֶת-הַמֶּלֶךְ, וַיֹּאמֶר אָמֵן: כֵּן יֹאמַר יְהוָה, אֱלֹהֵי אֲדֹנִי הַמֶּלֶךְ.
Y respondió Benaía hijo de Joiada al rey y dijo: «¡Amén! Así lo diga Jehová, el Dios de mi señor el rey.
nota
37
כַּאֲשֶׁר הָיָה יְהוָה עִם-אֲדֹנִי הַמֶּלֶךְ, כֵּן יהי יִהְיֶה עִם-שְׁלֹמֹה; וִיגַדֵּל, אֶת-כִּסְאוֹ, מִכִּסֵּא, אֲדֹנִי הַמֶּלֶךְ דָּוִד.
Como Jehová ha estado con mi señor el rey, así esté con Salomón, y haga su trono mayor que el trono de mi señor el rey David».
nota
38
וַיֵּרֶד צָדוֹק הַכֹּהֵן וְנָתָן הַנָּבִיא וּבְנָיָהוּ בֶן-יְהוֹיָדָע, וְהַכְּרֵתִי וְהַפְּלֵתִי, וַיַּרְכִּבוּ אֶת-שְׁלֹמֹה, עַל-פִּרְדַּת הַמֶּלֶךְ דָּוִד; וַיֹּלִכוּ אֹתוֹ, עַל-גִּחוֹן.
Y bajaron Sadoc el sacerdote, y Natán el profeta, y Benaía hijo de Joiada, y los cereteos y los peleteos, y montaron a Salomón en la mula del rey David, y lo llevaron a Guihón.
nota
39
וַיִּקַּח צָדוֹק הַכֹּהֵן אֶת-קֶרֶן הַשֶּׁמֶן, מִן-הָאֹהֶל, וַיִּמְשַׁח, אֶת-שְׁלֹמֹה; וַיִּתְקְעוּ, בַּשּׁוֹפָר, וַיֹּאמְרוּ כָּל-הָעָם, יְחִי הַמֶּלֶךְ שְׁלֹמֹה.
Y tomó Sadoc el sacerdote el cuerno de aceite del tabernáculo, y ungió a Salomón; y tocaron el cuerno de carnero, y todo el pueblo dijo: «¡Viva el rey Salomón!».
nota
40
וַיַּעֲלוּ כָל-הָעָם, אַחֲרָיו, וְהָעָם מְחַלְּלִים בַּחֲלִלִים, וּשְׂמֵחִים שִׂמְחָה גְדוֹלָה; וַתִּבָּקַע הָאָרֶץ, בְּקוֹלָם.
Y subió todo el pueblo tras él, y el pueblo tocaba flautas y se alegraba con grande alegría, de modo que la tierra se hendía con su sonido.
nota
41
וַיִּשְׁמַע אֲדֹנִיָּהוּ, וְכָל-הַקְּרֻאִים אֲשֶׁר אִתּוֹ, וְהֵם, כִּלּוּ לֶאֱכֹל; וַיִּשְׁמַע יוֹאָב, אֶת-קוֹל הַשּׁוֹפָר, וַיֹּאמֶר, מַדּוּעַ קוֹל-הַקִּרְיָה הוֹמָה.
Y lo oyeron Adonías y todos los invitados que estaban con él, justo cuando habían acabado de comer. Y oyó Joab el sonido del cuerno y dijo: «¿Por qué ese ruido de la ciudad alborotada?».
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42
עוֹדֶנּוּ מְדַבֵּר, וְהִנֵּה יוֹנָתָן בֶּן-אֶבְיָתָר הַכֹּהֵן בָּא; וַיֹּאמֶר אֲדֹנִיָּהוּ בֹּא, כִּי אִישׁ חַיִל אַתָּה וְטוֹב תְּבַשֵּׂר.
Todavía estaba él hablando, y he aquí que llegó Jonatán hijo de Abiatar el sacerdote. Y dijo Adonías: «Entra, porque eres hombre de valía y traes buenas nuevas».
nota
43
וַיַּעַן, יוֹנָתָן, וַיֹּאמֶר, לַאֲדֹנִיָּהוּ: אֲבָל, אֲדֹנֵינוּ הַמֶּלֶךְ-דָּוִד הִמְלִיךְ אֶת-שְׁלֹמֹה.
Y respondió Jonatán y dijo a Adonías: «Al contrario: nuestro señor el rey David ha hecho rey a Salomón.
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44
וַיִּשְׁלַח אִתּוֹ-הַמֶּלֶךְ אֶת-צָדוֹק הַכֹּהֵן וְאֶת-נָתָן הַנָּבִיא, וּבְנָיָהוּ בֶּן-יְהוֹיָדָע, וְהַכְּרֵתִי, וְהַפְּלֵתִי; וַיַּרְכִּבוּ אֹתוֹ, עַל פִּרְדַּת הַמֶּלֶךְ.
Y el rey ha enviado con él a Sadoc el sacerdote, y a Natán el profeta, y a Benaía hijo de Joiada, y a los cereteos y los peleteos, y lo han montado en la mula del rey;
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45
וַיִּמְשְׁחוּ אֹתוֹ צָדוֹק הַכֹּהֵן וְנָתָן הַנָּבִיא לְמֶלֶךְ בְּגִחוֹן, וַיַּעֲלוּ מִשָּׁם שְׂמֵחִים, וַתֵּהֹם, הַקִּרְיָה; הוּא הַקּוֹל, אֲשֶׁר שְׁמַעְתֶּם.
y lo han ungido por rey Sadoc el sacerdote y Natán el profeta en Guihón, y han subido de allí alegres, y la ciudad está alborotada. Ese es el sonido que han oído.
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46
וְגַם יָשַׁב שְׁלֹמֹה, עַל כִּסֵּא הַמְּלוּכָה.
Y además, Salomón se ha sentado en el trono del reino.
nota
47
וְגַם-בָּאוּ עַבְדֵי הַמֶּלֶךְ, לְבָרֵךְ אֶת-אֲדֹנֵינוּ הַמֶּלֶךְ דָּוִד לֵאמֹר, יֵיטֵב אלהיך אֱלֹהִים אֶת-שֵׁם שְׁלֹמֹה מִשְּׁמֶךָ, וִיגַדֵּל אֶת-כִּסְאוֹ מִכִּסְאֶךָ; וַיִּשְׁתַּחוּ הַמֶּלֶךְ, עַל-הַמִּשְׁכָּב.
Y además, han venido los siervos del rey a bendecir a nuestro señor el rey David, diciendo: “Haga Dios el nombre de Salomón mejor que tu nombre, y engrandezca su trono más que tu trono”; y el rey se inclinó sobre el lecho.
nota
48
וְגַם-כָּכָה, אָמַר הַמֶּלֶךְ: בָּרוּךְ יְהוָה אֱלֹהֵי יִשְׂרָאֵל, אֲשֶׁר נָתַן הַיּוֹם יֹשֵׁב עַל-כִּסְאִי--וְעֵינַי רֹאוֹת.
Y también dijo así el rey: “Bendito sea Jehová, el Dios de Israel, que ha dado hoy quien se siente en mi trono, viéndolo mis propios ojos”».
nota
49
וַיֶּחֶרְדוּ, וַיָּקֻמוּ, כָּל-הַקְּרֻאִים, אֲשֶׁר לַאֲדֹנִיָּהוּ; וַיֵּלְכוּ, אִישׁ לְדַרְכּוֹ.
Entonces se estremecieron y se levantaron todos los invitados de Adonías, y se fue cada uno por su camino.
nota
50
וַאֲדֹנִיָּהוּ, יָרֵא מִפְּנֵי שְׁלֹמֹה; וַיָּקָם וַיֵּלֶךְ, וַיַּחֲזֵק בְּקַרְנוֹת הַמִּזְבֵּחַ.
Y Adonías tuvo miedo delante de Salomón; y se levantó y fue y se asió de los cuernos del altar.
nota
51
וַיֻּגַּד לִשְׁלֹמֹה, לֵאמֹר, הִנֵּה אֲדֹנִיָּהוּ, יָרֵא אֶת-הַמֶּלֶךְ שְׁלֹמֹה; וְהִנֵּה אָחַז בְּקַרְנוֹת הַמִּזְבֵּחַ, לֵאמֹר, יִשָּׁבַע-לִי כַיּוֹם הַמֶּלֶךְ שְׁלֹמֹה, אִם-יָמִית אֶת-עַבְדּוֹ בֶּחָרֶב.
Y se le avisó a Salomón: «Mira: Adonías tiene miedo del rey Salomón; y mira, se ha asido de los cuernos del altar, diciendo: ‘Júreme hoy el rey Salomón que no matará a espada a su siervo’».
nota
52
וַיֹּאמֶר שְׁלֹמֹה--אִם יִהְיֶה לְבֶן-חַיִל, לֹא-יִפֹּל מִשַּׂעֲרָתוֹ אָרְצָה; וְאִם-רָעָה תִמָּצֵא-בוֹ, וָמֵת.
Y dijo Salomón: «Si demuestra ser hombre de valía, ni uno de sus cabellos caerá en tierra; pero si se halla maldad en él, morirá».
nota
53
וַיִּשְׁלַח הַמֶּלֶךְ שְׁלֹמֹה, וַיּוֹרִדֻהוּ מֵעַל הַמִּזְבֵּחַ, וַיָּבֹא, וַיִּשְׁתַּחוּ לַמֶּלֶךְ שְׁלֹמֹה; וַיֹּאמֶר-לוֹ שְׁלֹמֹה, לֵךְ לְבֵיתֶךָ. {פ}
Y envió el rey Salomón, y lo hicieron bajar del altar; y él vino y se postró ante el rey Salomón; y Salomón le dijo: «Vete a tu casa».
nota
Notas del traductor
El libro de los Reyes abre sobre un cuerpo que ya no funciona. Ningún resumen del reinado, ninguna teología, ninguna fanfarria: solo un anciano bajo un montón de mantas. Es una de las frases iniciales más frías de la Biblia, y todo el capítulo brota de ella: un rey que no puede calentarse es un rey que no puede reinar, y toda la corte lo sabe antes de que el lector termine el versículo.
«Viejo, entrado en días». El modismo hebreo es ba ba-yamim, «entrado en los días», usado de Abraham y de Josué, siempre en el punto en que una vida ha terminado salvo por los trámites. La RV60 conserva «entrado en días»; el NVI lo aplana a «muy anciano».
«Que sea su cuidadora». Sokhenet es una palabra rara, de una raíz que significa ser de provecho: una administradora o cuidadora. La RV60 pone «que lo abrigue»; el NVI, «que lo cuide». La propuesta es médica en la forma y dinástica en el fondo.
⚠ «Pero el rey no la conoció». Seis palabras, y el narrador no tiene motivo para incluirlas salvo que importan. En el antiguo Oriente Próximo la virilidad de un rey no era asunto privado sino credencial pública, y la corte acaba de hacer una prueba y publicar el resultado. Al lector se le está diciendo, sin una palabra de comentario, que David está acabado — y por eso la frase siguiente es alguien anunciando que piensa ser rey. Y téngase presente desde ya: esta misma joven, y en concreto la cuestión de quién tiene derecho sobre ella, es el pretexto por el que Adonías es ejecutado en el capítulo siguiente (2:13–25). Nada en estos cuatro versículos es ocioso.
Versículos 5–10 · un golpe de Estado ya leído — y un padre que jamás preguntó por qué
⚠ El narrador hace su observación más afilada repitiendo una frase y sin decir nada. «Hizo para sí carro y jinetes, y cincuenta hombres que corrieran delante de él» es, casi palabra por palabra, lo que hizo Absalón cuando se propuso tomar el trono (2 Samuel 15:1). Y entonces el v. 6 añade, como si fuera una nota genealógica: «y ella lo había dado a luz después de Absalón». El libro no dice Adonías estaba imitando a su hermano, y no le hace falta. Al lector que sabe cómo acabó el intento de Absalón se le ha entregado el desenlace por adelantado.
«Se ensalzaba a sí mismo» — mitnassé, el reflexivo de nasá, levantar. Se levanta a sí mismo. La RV60 dice «se rebeló», que traslada el sentido político pero pierde el verbo: el hebreo dice que se alzaba a sí mismo. A todos los demás reyes de este capítulo los levanta otro — a una mula, a un trono, un sacerdote con un cuerno de aceite — y este se levanta solo.
⚠ «Su padre nunca lo había apenado». El verbo atsav es doler o afligir, y la frase es una de las acusaciones más calladas del Antiguo Testamento: David no le dijo ni una sola vez a este hijo «¿por qué has hecho eso?». Es exactamente la misma falta que el libro de Samuel imputó a Elí — cuyos hijos «se hicieron viles, y él no los estorbó» (1 Samuel 3:13) — y con el mismo resultado. La RV60 traduce «nunca le había entristecido en todos sus días». Y la pequeña cláusula que sigue, «él también era de muy buen parecer», ya se ha dicho en esta familia, de Absalón y del propio David. En estos libros la hermosura en un joven nunca es un elogio: es un aviso.
Dos listas, y son las líneas de fractura del reino. Con Adonías: Joab, el general que ha dirigido las guerras de David y ha matado por él, y Abiatar, el sacerdote que escapó de la matanza de Nob y lleva el arca desde los años del desierto — los viejos camaradas. Contra él: Sadoc el sacerdote, Benaía, que manda a los cereteos y peleteos (la guardia profesional extranjera), y Natán el profeta — el aparato de Jerusalén, los hombres del orden nuevo. No es una riña familiar: es la vieja guardia contra la administración, y para el final del capítulo 2 todos los de la primera lista están muertos o desterrados.
La fiesta de En-rogel es una coronación. Sacrificar ovejas y bueyes, con los hijos del rey y los hombres de Judá invitados, en un paraje con nombre y fuera de la ciudad: es un banquete con un propósito, y la lista de invitados es el sentido. El capítulo dice cuatro veces que a Salomón no lo invitaron. En una sucesión, una omisión en la lista de invitados es una sentencia.
⚠ Este es el gran veredicto retenido del capítulo, y quizá de todo el relato de la sucesión. Natán manda a Betsabé que le recuerde a David un juramento: «¿No juraste tú, mi señor el rey, a tu sierva… que Salomón tu hijo reinaría después de ti?». Y el lector nunca ha oído hablar de él. Los libros de Samuel registran la promesa de una dinastía a David (2 Samuel 7), pero ningún juramento que nombre a Salomón — ni a Betsabé ni a nadie. Dos lecturas, ambas enteramente serias:
• El juramento fue real y sencillamente no se registró — el relato es selectivo en todas partes, y una promesa privada a una esposa es justo lo que no habría contado. La entereza de Betsabé y la aceptación inmediata de David encajan.
• No hubo tal juramento, y dos personas que morirán si Adonías es coronado acaban de inventarlo delante de un hombre demasiado viejo para estar seguro de qué dijo y cuándo. Nada del texto lo excluye, y todo el montaje de la escena — el ensayo, la sincronización, el segundo testigo entrando en el momento justo — es la mecánica de convencer a alguien.
El narrador se niega a decirnos cuál. No es un descuido. Este autor lleva veinte capítulos de Samuel negándose a editorializar sobre David, y no va a empezar el último día del reinado. Si el reino pasa a Salomón por la palabra de David o por una buena puesta en escena es una pregunta que la Biblia monta con enorme cuidado y luego deja en manos del lector.
Y Betsabé mejora el guion. Natán le dijo que dijera que David juró; ella dice que juró por Jehová tu Dios (v. 17). Natán no le dio un final; ella aporta uno que ningún padre puede oír con calma: «yo y mi hijo Salomón seremos tenidos por culpables» (jattaim, lo que queda de la familia de un aspirante derrotado). No es un instrumento pasivo en esta escena: es la mejor abogada de los dos.
⚠ Una curiosidad del texto hebreo en el versículo 19: los escribas masoréticos colocan una marca de párrafo en medio del versículo — un rasgo raro que aparece un puñado de veces en la Biblia y que nadie ha explicado de forma satisfactoria. Lo imprimimos donde ellos lo pusieron.
Léase el discurso de Natán por lo que nunca afirma. Llega exactamente a tiempo, se postra y entonces — notablemente — no afirma ni una sola vez que el juramento existiera. En su lugar hace una pregunta: «¿Has dicho tú que Adonías reinará?». Deja intacta detrás de él la afirmación de Betsabé, informa solo de hechos verificables (el sacrificio, la lista, los gritos) y cierra con un reproche cortesano tan deferente que casi es un cumplido: si mi señor ha hecho esto, ha olvidado decírselo a su siervo. Cada palabra es negable.
«Pero a mí, a mí tu siervo». El hebreo tropieza consigo mismo con los pronombres, y el efecto es el de un hombre que pone su propia exclusión sobre la mesa primero y la de Salomón al final. ⚠ El versículo termina con un ketiv/qeré: las consonantes escritas dicen «tus siervos», la tradición de lectura da el singular.
«Vive Jehová, que ha rescatado mi alma de toda angustia». La fórmula de juramento de David es la única línea del capítulo que suena a los salmos que se le atribuyen: padah, la palabra del rescate, y toda una vida de escapadas estrechas detrás. Y nótese exactamente lo que hace: jura un juramento nuevo en la forma gramatical de confirmar uno viejo. El hebreo permite las dos lecturas, y el capítulo ya se ha cuidado de no dejarnos zanjarlo.
«¡Viva para siempre mi señor el rey David!» Lo dice la mujer que acaba de organizar la sucesión pasando por encima de él. La fórmula cortesana no es insincera — es sencillamente lo que se dice — y el escritor la pone en su boca justo en el momento en que se ha vuelto imposible. «¡Viva el rey!» se grita tres veces en este capítulo, por tres hombres distintos: por Adonías en su fiesta, por David en este dormitorio y por Salomón en la fuente.
Cada elemento de la instrucción de David es una señal pública, y la geografía es la más aguda. Adonías banquetea en En-rogel, una fuente en el fondo del valle, fuera de la ciudad, sin testigos. David manda bajar a Salomón a Guihón — la fuente que abastece de agua a Jerusalén, en el valle del Cedrón justo bajo la muralla, donde el ruido sube a las calles y toda la población puede salir a verlo. Un aspirante celebra una cena privada; al otro lo exhiben en el manantial de la ciudad, y la multitud lo acompaña de vuelta cuesta arriba. El capítulo no explica esto: solo da los dos topónimos.
«La mula que es mía». Montar la cabalgadura personal del rey reinante es una reivindicación, y dejar que otro la monte es una transferencia — por eso David lo especifica y el mensajero lo repite en su informe (v. 44). Conviene recordarlo cuando un rey posterior entre en esta misma ciudad sobre un animal prestado, a propósito (Zacarías 9:9; Mateo 21:5).
«Lo ungirán Sadoc el sacerdote y Natán el profeta». Los dos oficios, juntos. Ungir (mashaj) es lo que hace de un rey un mashíaj, un ungido — la palabra que viaja por el griego christós hasta el castellano como Mesías.
«De modo que la tierra se hendía con su sonido». El verbo es el que se usa de partir leña, o del mar partido en el éxodo. La RV60 dice «que parecía que la tierra se hundía»; el hebreo dice que se hendía, el verbo de partir leña o de partir el mar. La alegría es lo bastante ruidosa como para romper algo.
La escena está construida sobre el sonido. La fiesta de Adonías oye el ruido antes que la noticia; Joab — un soldado, que sabe lo que significa un cuerno de carnero en una ciudad — es quien hace la pregunta. Y el mensajero cuenta la historia entera por segunda vez, con detalles que el lector ya tiene, porque el escritor nos quiere en la sala mientras les cae encima.
⚠ La mejor palabra suelta del capítulo. Adonías saluda a Jonatán como «hombre de valía» que «trae buenas nuevas», y Jonatán empieza su respuesta con aval: una adversativa seca, al contrario. La RV60 pone «Ciertamente», que en castellano moderno se lee como asentimiento y es el único lugar donde la versión antigua despista de verdad; el NVI acierta con «¡Al contrario!». Una palabra, y un banquete de coronación se convierte en una sala llena de hombres que necesitan estar en otro sitio.
«Se estremecieron, y se levantaron, y se fue cada uno por su camino». Sin discursos, sin última resistencia. Los invitados que treinta segundos antes iban a ser un gobierno simplemente se marchan, y el escritor no nombra a ninguno al irse.
«Se asió de los cuernos del altar». Los salientes de las cuatro esquinas del altar; agarrarlos era una petición reconocida de asilo. ⚠ Y la ley no está tan de parte de Adonías como él espera: Éxodo 21:14 dice que al que mata con premeditación se le tomará de mi altar para morir. El altar protegía al que tenía un caso, no a cualquiera que llegara — y en el capítulo 2 Joab intentará lo mismo y morirá agarrado a ellos.
⚠ Léase con cuidado la respuesta de Salomón, porque no es un indulto. «Si demuestra ser hombre de valía — un hijo de valía —, ni uno de sus cabellos caerá; pero si se halla maldad en él, morirá». Es una condena en suspenso, con la condición sin especificar y el juez decidiendo cuándo se ha roto. Y «hijo de valía» es la misma palabra que Adonías usó nueve versículos antes para halagar a Jonatán: el capítulo se cierra con el nuevo rey usándola como amenaza. «Vete a tu casa» es una despedida, no una amnistía. El capítulo 2 cobra todo esto.
Patrones que vale la pena recordar
Dónde esta traducción mantiene las palabras exactas / distintas: «entrado en días» para el modismo de una vida ya terminada salvo por los trámites; «cuidadora» para el raro sokhenet; «se ensalzaba a sí mismo» para mitnassé, el reflexivo del verbo de levantar, frente a un rival al que levantan todos los demás; «apenado» para atsav, la reprensión que David nunca dio; «completaré tus palabras» para el aleccionamiento de un testigo; «tenidos por culpables» para jattaim; «al contrario» para aval; «la tierra se hendía» para el verbo con fuerza de éxodo; y «hombre de valía» para ish/ben jáyil, idéntico para que el halago del v. 42 y la amenaza del v. 52 se vean como la misma expresión.
Ecos pagados. El carro y los cincuenta corredores de Absalón (2 Samuel 15:1), repetidos sin comentario; los hijos no corregidos de Elí (1 Samuel 3:13), la misma falta paterna con el mismo resultado; y la ley de asilo del altar de Éxodo 21:14, que no cubre todo lo que Adonías necesita.
Ecos plantados. Abisag, a quien el lector ha sido cuidadosamente presentado y que en el capítulo 2 será el pretexto de una sentencia de muerte. La condición que Salomón pone a la vida de Adonías, y los hombres de la lista de invitados — Joab y Abiatar —, de todos los cuales se ocupará el capítulo 2. La mula, y un rey que un día entrará en esta ciudad sobre un pollino prestado a propósito. Y el trono mismo, nombrado diez veces en este capítulo y prometido a la casa de David para siempre (2 Samuel 7:16) — promesa que este libro pasará veintidós capítulos viendo torcerse.
1 Reyes es un libro nuevo en el sitio. Próxima entrega: 1 Reyes 2 — el encargo de David a Salomón en su lecho de muerte, que empieza con andar en los caminos de Jehová y termina con una lista de nombres e instrucciones sobre qué hacer con ellos; y luego el ajuste de cuentas: la petición de Adonías, Abiatar desterrado, Joab muerto agarrado a los cuernos del altar, Simei encerrado en Jerusalén hasta que deja de estarlo. «Y el reino fue confirmado en la mano de Salomón».
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