1 Corintios 1 — La Traducción Mister
Notas del traductor
⚠ «La congregación de Dios». Ekklēsía es una asamblea de personas —en el griego corriente la asamblea votante de una ciudad, y en Hechos 19 la palabra que designa el motín de Éfeso—. No es un edificio ni una institución, y esta traducción la vierte congregación en todo el Nuevo Testamento, con Tyndale, a quien se le prohibió hacerlo: la tercera regla de Jacobo I a sus traductores dice que «la palabra church no se traduzca congregation». ⚠ El castellano tiene aquí su propia historia: RV60 «a la iglesia de Dios que está en Corinto» y NVI «a la iglesia de Dios que está en Corinto» imprimen las dos «iglesia», palabra que —a diferencia del inglés church— sí desciende de ekklēsía, pero que en castellano moderno arrastra igualmente el edificio y la institución. En una carta sobre un grupo de personas que no logran convivir en el comedor de una casa, la diferencia no es cosmética.
⚠ Sóstenes cofirma. Lucas nombra a un Sóstenes como el principal de la sinagoga en Corinto, apresado y golpeado ante el tribunal del gobernador mientras Galión miraba hacia otro lado (Hechos 18:17). Si es el mismo hombre —el nombre no es raro, así que esto es probabilidad y no dato—, entonces el cofirmante de la carta es el hombre a quien la multitud golpeó por causa de Pablo, y los corintios habrían reconocido el nombre al instante. Pablo no lo explica. Nunca lo hace.
«Santificados… llamados a ser santos». Las dos palabras vienen de la misma raíz, y las dos son ya verdad de ellos antes de que se haga una sola corrección: a una congregación a punto de ser reprendida por pleitos, incesto, borrachera en la cena y caos en el culto se la llama, en el versículo dos, santa. Ésa es en miniatura toda la estrategia de la carta.
⚠ Dos rarezas pequeñas en el v2. Primera, el orden de palabras: el texto más antiguo pone «santificados en Cristo Jesús» antes de «que está en Corinto», cosa bastante torpe como para que copistas posteriores la arreglaran, y la mayoría de las versiones siguen imprimiendo el orden arreglado. Aquí se conserva el torpe. Segunda, «en todo lugar, el de ellos y el nuestro» puede pegarse al lugar o al Señor; el griego admite las dos, y quizá la ambigüedad sea el punto —una carta sobre facciones abre negándose a que una congregación se adueñe del sobre—.
⚠ Léase este párrafo dos veces: una como elogio y otra como lista de problemas. Pablo da gracias porque los corintios son ricos «en toda palabra y todo conocimiento» y no les falta ningún don. Son exactamente las tres cosas a las que la carta va a dedicar dieciséis capítulos: palabra (caps. 1–4, la elocuencia y los predicadores rivales; cap. 14, las lenguas), conocimiento (cap. 8: «el conocimiento envanece, pero el amor edifica») y dones (caps. 12–14). Cada elogio es una granada con la anilla puesta. No es sarcasmo —lo agradece de veras—, pero está nombrando sus fuerzas en el orden exacto en que piensa desmontarlas.
«Ningún don». Charisma —algo dado gratis, de charis, gracia; la palabra que el castellano tomó prestada para el magnetismo personal, que es casi lo contrario de lo que significa aquí—. Un charisma es por definición un regalo y no un mérito, lo cual le quita el suelo a la jactancia contra la que va todo el capítulo.
«Sociedad con su Hijo». Koinōnía —compartir, tener en común, y en los papiros la palabra ordinaria para una sociedad mercantil, el acuerdo de dos hombres que son dueños de una barca a medias—. RV60 y NVI leen «comunión»; aquí se conserva el filo comercial, porque la carta trata de gente que ha dejado de comportarse como copropietaria de nada.
«Fiel es Dios». Tres palabras que sostienen el argumento del resto de la carta: toda garantía de este párrafo descansa en la fiabilidad de Dios y no en la de los corintios —lo cual, visto lo que el capítulo 5 está a punto de informar, es un alivio—.
⚠ «Ningún desgarrón… remendados juntos». Dos palabras, una sola metáfora, y las versiones suelen perder las dos. Schísmata —la raíz de «cisma»— son rasgaduras: es la palabra que los Evangelios usan para un roto en una prenda y para el velo del templo. Katērtisménoi es lo que se le hace al roto: remendar, componer, poner en orden —y es el mismísimo verbo que Mateo y Marcos usan de los hijos de Zebedeo remendando sus redes (Mateo 4:21)—. Pablo no pide uniformidad de opiniones; pide que se repare una red rota. RV60 «que no haya entre vosotros divisiones… perfectamente unidos»; NVI «vivan en armonía». Aquí se conserva la tela.
⚠ «Por los de Cloé». Literalmente «por los de Cloé»: su casa —esclavos, libertos, dependientes—, viajando por asuntos de ella. Pablo nombra su fuente, y su fuente es la casa de una mujer, lo cual dice a la vez que Cloé era persona de posición conocida por los corintios y que Pablo no vio motivo para proteger a los informantes omitiéndolos. Tampoco es anónimo a propósito: la congregación sabrá exactamente quién ha hablado.
Las cuatro consignas. «Yo soy de Pablo» —el fundador—. «Yo de Apolos» —el elocuente alejandrino, «poderoso en las Escrituras» (Hechos 18:24)—. «Yo de Cefas» —Pedro, por su nombre arameo, lo que sugiere un partido judeocristiano—. Y luego «yo de Cristo», que o es una cuarta facción o es el aguijón exasperado del propio Pablo; se ha discutido en ambos sentidos desde la antigüedad y el griego no lo resuelve. ⚠ Nótese de qué no va la pelea: en todo el capítulo no se nombra una sola diferencia doctrinal. Va de lealtades a personalidades, y es la primera división eclesial de la que hay registro.
«¿Ha sido repartido Cristo?». Meméristai —ser dividido en partes, repartido, como una herencia entre herederos—. Y luego dos preguntas cuyo griego espera un no y lo consigue sonando ridículo: ¿fue Pablo crucificado por vosotros?, ¿fuisteis bautizados en el nombre de Pablo? Pone su propio nombre en la casilla para enseñar lo obsceno que queda ahí.
⚠ «Por lo demás, no sé si bauticé a algún otro». Una de las frases más desarmantes del Nuevo Testamento. Pablo enumera dos nombres, recuerda una casa y a continuación admite sin más que ha perdido la cuenta —a mitad de un argumento, en una carta que se leerá en voz alta ante una congregación y se copiará durante siglos—. Está dictando, y se lee exactamente como un hombre que dicta. RV60 conserva el encogimiento de hombros: «no sé si he bautizado a algún otro»; NVI «no recuerdo si bauticé a algún otro» lo suaviza a un fallo de memoria. Y conviene notar que no vuelve atrás a arreglarlo: la carta conserva la corrección en vez de la versión corregida, lo cual es una ventana pequeña a cómo se fabricaban de verdad estos documentos.
Crispo, Gayo, Estéfanas. Lucas nombra a un Crispo como el principal de la sinagoga corintia que creyó (Hechos 18:8) —de modo que los dos oficiales de la sinagoga que aparecen en este capítulo son su cofirmante y su primer bautismo—. Un Gayo hospeda a Pablo y «a toda la congregación» cuando se escribe Romanos desde esta misma ciudad (Romanos 16:23), lo cual fija de paso dónde y cuándo. Estéfanas reaparece al final de la carta (16:15) como el primer convertido de Acaya. Tres nombres soltados sin explicación que datan y sitúan discretamente toda la correspondencia.
⚠ «No con sabiduría de palabra, para que no quede vaciada la cruz». Kenōthē —quedar hueca, drenada, anulada; el mismo verbo que hay detrás del término teológico kénosis—. La afirmación es sorprendente y es la bisagra del capítulo: una entrega suficientemente brillante puede vaciar el mensaje de su contenido, porque si a la gente la gana la actuación, la ha ganado el actor. Pablo, de quien sus adversarios decían que «su palabra es despreciable» (2 Corintios 10:10), está haciendo de ello una virtud —y sabe que lo está haciendo—.
«La palabra de la cruz… es necedad». Mōría —la raíz de «memo» y del inglés moron—. No «un dicho duro» ni «un misterio»: idiotez. Y merece conservarse el tiempo de los dos participios: «los que se están perdiendo» y «nosotros los que estamos siendo salvados» son procesos en marcha, no sentencias ya archivadas. RV60 «a los que se pierden… a los que se salvan» conserva bien el aspecto continuo.
La cita es Isaías 29:14, en su forma griega, donde el blanco eran los propios consejeros listos de Judá, negociando con imperios mientras ignoraban a Dios. Pablo toma una línea sobre pericia religiosa y la apunta contra la filosofía griega, cosa que hace constantemente y que es fácil pasar por alto.
⚠ «¿Dónde está el sabio? ¿Dónde el escriba? ¿Dónde el discutidor?». Tres culturas en una línea. El sophós es el sabio griego; el grammateús es el escriba judío, el experto en la Torá; el syzētētēs, «discutidor», es palabra tan rara que puede ser acuñación del propio Pablo para el argumentador profesional del ágora. Está despachando a toda la clase titulada de los dos mundos en once palabras griegas. RV60 «¿dónde está el disputador de este siglo?».
«¿No enloqueció Dios la sabiduría del mundo?». Emōranen —el mismo verbo que esta biblioteca encontró en Romanos 1:22, donde los que «se decían sabios» fueron hechos necios—. Allí el enloquecer era juicio; aquí es estrategia. Los dos capítulos le hacen lo mismo a la misma palabra desde extremos opuestos.
«Los judíos piden señales y los griegos buscan sabiduría». Dos peticiones enteramente razonables: enséñame el poder, o enséñame el argumento. El evangelio no responde a ninguna de las dos, y Pablo no finge lo contrario. Lo que predica es Christòs estaurōménos —participio perfecto, «Cristo habiendo-sido-crucificado»—, un estado permanente y no un suceso pasado.
⚠ Por qué esto era obsceno y no solo sorprendente. El lector moderno se encuentra la cruz como joyería, lo cual vuelve casi inaudible la frase. La crucifixión era un castigo romano reservado principalmente a esclavos, rebeldes y provinciales; Cicerón la llamó crudelissimum taeterrimumque supplicium, «el suplicio más cruel y repugnante», y escribió que la palabra misma debía mantenerse lejos de los oídos de un ciudadano romano. Para un griego, anunciar a un crucificado como sabiduría de Dios era una idiotez. Para un judío era peor que absurdo: era un skándalon —originalmente el palito que dispara una trampa, y luego cualquier cosa con la que se tropieza—, porque la ley decía que un hombre colgado de un madero está bajo maldición de Dios (Deuteronomio 21:23). Pablo no suaviza la dificultad: la pone en el escaparate. RV60 «para los judíos ciertamente tropezadero»; NVI «motivo de tropiezo».
«Lo necio de Dios… lo débil de Dios». El griego puede convertir un adjetivo en sustantivo y Pablo lo aprovecha: no la necedad de Dios como cualidad suya, sino lo-necio-de-Dios, este acto idiota concreto. No argumenta que la cruz sea secretamente ingeniosa. Concede el cargo y dice que el cargo es el punto: la peor idea de Dios le gana a la mejor nuestra.
⚠ «No muchos sabios… no muchos poderosos… no muchos de noble cuna». El argumento deja de ser teórico y se vuelve un censo de la sala. Ésos son los tres marcadores de posición en una ciudad griega —educación, influencia y nacimiento— y Pablo dice que la congregación casi no tiene ninguno. ⚠ Nótese la precisión de no muchos: no ninguno. La congregación de Corinto incluía demostrablemente a un principal de sinagoga, a un dueño de casa lo bastante rico para hospedar a todos y —Romanos 16:23, escrito desde esta ciudad— al tesorero municipal. Esa mezcla es justamente lo que hace estructuralmente posibles los problemas posteriores de la carta: los pleitos, y los ricos comiendo antes de que lleguen los pobres a la cena. RV60 «no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles».
«Lo que no es, para reducir a nada lo que es». Tà mē ónta frente a tà ónta —lo no-existente frente a lo existente—, y Pablo está usando el vocabulario de la metafísica griega para describir una clase social. Tà exouthenēména, «lo tenido por nada», viene de un verbo que significa contar como menos que nada, tratar como despreciable. La frase toma la jerarquía del mundo antiguo y la invierte con el mismo verbo tres veces: Dios escogió… Dios escogió… Dios escogió.
«A fin de que ninguna carne se jacte delante de Dios». Pása sarx, «toda carne» —el modo hebreo de decir absolutamente nadie, y una palabra algo grosera para la especie humana en una frase sobre linajes—. Ésta es la cláusula final a la que apuntaba todo el párrafo: la selección se diseñó para que nadie se quedara con nada de que jactarse. RV60 «a fin de que nadie se jacte en su presencia». La jactancia es el verdadero tema del capítulo, y las facciones del v12 eran solo su síntoma.
«El cual llegó a ser para nosotros sabiduría de parte de Dios —tanto justicia como santificación y redención—». La gramática pone sabiduría primero y luego la despliega con tres sustantivos, y por eso aquí se conserva la raya en vez de hacer una lista plana de cuatro: Cristo es la sabiduría, y justicia, santificación y redención son en qué consiste esa sabiduría. Dikaiosýnē es la palabra sobre la que se construyó Romanos 1. Hagiasmós remite a «santificados» del v2 y cierra el círculo del propio capítulo. Y apolýtrōsis es palabra de rescate —el precio pagado para liberar a un prisionero de guerra o para manumitir a un esclavo—, una transacción que cualquier corintio había visto ocurrir.
⚠ La cita final es Jeremías 9:23–24, comprimida. Conviene tener a la vista la frase entera del profeta, porque es la misma lista de tres: «No se alabe el sabio en su sabiduría, ni se alabe el fuerte en su fuerza, ni se alabe el rico en sus riquezas; mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme». Sabio, fuerte, rico —que es exactamente el trío del v26—. Pablo lleva cinco versículos citando la estructura de Jeremías sin decirlo, y solo revela la fuente al final. RV60 «El que se gloría, gloríese en el Señor»; NVI igual.
Patrones que vale la pena recordar
Dónde esta traducción conserva las palabras exactas / distintas: «congregación» por ekklēsía, la traducción estable del proyecto; «llamados a ser santos» por klētoîs hagíois, como en Romanos; «desgarrones» y «remendados juntos» por schísmata y katērtisménoi, conservando la imagen de la red rota que las versiones aplanan a «divisiones… unidos»; «sociedad» por koinōnía, con su filo mercantil; «repartido» por meméristai, una herencia dividida entre herederos; «necedad» por mōría (idiotez, no misterio) y «tropiezo» por skándalon, el palito que dispara la trampa; «vaciada» por kenōthē; «lo que no es» conservado como la expresión metafísica que Pablo usa realmente de los pobres; y «ninguna carne» por pása sarx, el modismo hebreo rotundo, en una frase sobre linaje.
Ecos pagados. Isaías 29:14 y su destrucción de los consejos listos, tomada de una reprensión a expertos religiosos y apuntada contra filósofos; Jeremías 9:23–24 y su sabio-fuerte-rico, que da a la vez la forma del v26 y la cita que cierra el capítulo; Deuteronomio 21:23 y su maldición sobre el colgado de un madero, debajo de la palabra skándalon; y emōranen, «hizo necia», respondiendo a Romanos 1:22 desde el otro lado —allí juicio, aquí estrategia—.
Ecos plantados. Palabra, conocimiento y dones, elogiados en los vv5–7 y desmontados en los caps. 1–4, 8 y 12–14: la acción de gracias es el índice; la jactancia, nombrada aquí como la enfermedad de la que las facciones son solo el sarpullido, y que vuelve en 3:21 y 4:7 («¿qué tienes que no hayas recibido?»); la sabiduría, que el capítulo 2 redefinirá en vez de abandonar («hablamos sabiduría entre los que han madurado»); Apolos, tratado con notable generosidad en el capítulo 3 —«yo planté, Apolos regó»—; y Estéfanas, que reaparece en el último capítulo, de modo que la carta cierra con los mismos tres nombres con que abrió.
1 Corintios es un libro nuevo en el sitio —la carta más práctica del Nuevo Testamento—. Próxima entrega: el capítulo 2, donde Pablo admite que llegó «con debilidad, y mucho temor y temblor», sin superioridad de palabra; la sabiduría escondida de Dios, decretada antes de los siglos, que ninguno de los gobernantes de este siglo entendió, «porque si la hubieran conocido, nunca habrían crucificado al Señor de la gloria»; y el Espíritu que escudriña aun lo profundo de Dios.