Los tres compañeros de DANIEL — jóvenes judíos cuyos nombres hebreos, HANANÍAS («Jehová es misericordioso»), MISAEL («¿quién es lo que es Dios?») y AZARÍAS («Jehová ha ayudado»), llevaban cada uno el nombre del Dios verdadero, y a quienes en Babilonia les cambiaron los nombres a Sadrac, Mesac y Abed-nego, nombres ligados a dioses babilonios (1:6-7). Puestos sobre la provincia de Babilonia a petición de Daniel (2:49), son los héroes del capítulo 3: al negarse a postrarse ante la imagen de oro de Nabucodonosor, son arrojados al horno de fuego y salen caminando sin quemarse junto a una cuarta figura «como hijo de los dioses» — «nuestro Dios puede librarnos; y si no, no serviremos a tus dioses» (3:17-18).