«El ADVERSARIO» —el hebreo ha-satan no es originalmente un nombre propio sino un cargo, el que se opone o presenta la acusación; en Job aparece entre los hijos de Dios como una especie de fiscal, y en Zacarías 3 se pone de pie para acusar al sumo sacerdote. El Antiguo Testamento griego lo traduce como DIABOLOS, «calumniador», de donde viene la palabra española «diablo». ⚠ En Mateo 4 ambas palabras aparecen juntas: el narrador lo llama «el diablo» y «el tentador», y cuando Jesús por fin se dirige a él directamente usa el nombre-adversario hebreo —«Véte, SATANÁS» (4:10). ⚠ Mateo pone esas mismas palabras en boca de Jesús una vez más, en 16:23, dirigidas a PEDRO, cuando el discípulo le dice que no debe sufrir: «Pónte detrás de mí, Satanás». El nombre no se adhiere a un monstruo, sino a quien sea que ofrezca el atajo. La Escritura es notablemente reticente sobre su origen; la biografía familiar (un ángel de luz caído) se arma en gran parte a partir de Isaías 14 y Ezequiel 28, pasajes cuyos sujetos declarados son los reyes de Babilonia y de Tiro —una síntesis posterior, no una afirmación del propio texto. ⚠ Apocalipsis 12:9 es el primer lugar de toda la Biblia donde la serpiente de Génesis 3 es nombrada abiertamente como esta misma figura —«el gran dragón… la serpiente antigua, el llamado Diablo y Satanás»—, una identificación que siglos de lectores posteriores simplemente dieron por sentada, hecha explícita en el texto por primera vez aquí, en el mismo capítulo que también pone la cabeza de la propia serpiente bajo un talón (Génesis 3:15).