Un profeta de Gabaón que enfrentó a Jeremías en el templo, a la vista de los sacerdotes y de todo el pueblo, con una contraprofecía detallada: dentro de dos años volverían los utensilios, Jeconías y todos los exiliados, porque Jehová había «quebrado el yugo del rey de Babilonia» (Jeremías 28:1-4). Se presenta con credenciales completas — un padre nombrado, un pueblo natal, el mismo título «el profeta» que el texto le da a Jeremías durante todo el capítulo — y nada lo marca como falso hasta el propio enfrentamiento. ⚠ No discute cuando se lo desafía; actúa, quitándole físicamente el yugo de madera del cuello a Jeremías como contraseñal (28:10). La respuesta de Jeremías escala el mismo oráculo hacia el hierro en vez de contradecirlo, y entrega un veredicto público, cercano y comprobable: «este año morirás, porque hablaste rebelión contra Jehová» (28:16). Murió dos meses después, en el séptimo mes del mismo año (28:17) — una de las pocas profecías de la Biblia cuyo cumplimiento se reporta dentro del mismo capítulo que la pronunció. El texto nunca dice si él creía su propio mensaje o lo inventó a sabiendas; el cargo en su contra es que Jehová no lo envió, no que fuera insincero.