El tisbita — el profeta que aparece en 1 Reyes 17 sin presentación, sin padre nombrado y sin relato de llamamiento, anuncia una sequía y domina el resto del libro. Lo alimentan cuervos, resucita al hijo de una viuda, se enfrenta a los profetas de Baal en el Carmelo, luego huye de Jezabel al desierto y pide morirse, y oye a Dios no en el viento, ni en el terremoto, ni en el fuego, sino en un delgado susurro de silencio. Se le reconoce por una vestidura de pelo y un cinturón de cuero (2 Reyes 1:8) — el disfraz que Juan el Bautista lleva como una declaración. No muere: un carro de fuego lo separa de Eliseo y sube en un torbellino (2 Reyes 2). Malaquías cierra el Antiguo Testamento prometiendo que volverá antes del gran día, y por eso se le espera en los Evangelios. Jesús lo identifica con Juan — primero con una condición, «si queréis recibirlo» (Mateo 11:14), y después sin ella (Mateo 17:12) — y él mismo aparece en persona junto a Moisés en la transfiguración.