RECORDAR —y en hebreo nunca meramente «acordarse». Significa actuar a favor de, tomar la causa de alguien, y en Génesis es el verbo del pacto: «Dios SE ACORDÓ de Noé» y bajaron las aguas (8:1); «Dios SE ACORDÓ de Abraham» y Lot fue sacado de la catástrofe (19:29); «Dios SE ACORDÓ de Raquel» y nació José (30:22). Cada vez que Dios recuerda a alguien en ese libro, sigue un rescate. Que es lo que hace aterrizar a Génesis 40: José le pide a un hombre que se acuerde de él (40:14), y el último versículo del capítulo es «el jefe de los coperos no SE ACORDÓ de José —y lo olvidó» (40:23). El verbo se pone en manos humanas con un favor atado, y falla. Dos años después las primeras palabras del mismo hombre son «hoy RECUERDO mis faltas» (41:9). ⭐ En Deuteronomio el verbo se vuelve motivo legal. Ve-zajartá ki éved hayita, recordarás que fuiste esclavo, está en cinco versículos de la Biblia hebrea, todos en ese libro —el sábado en 5:14, el esclavo liberado en 15:15, la fiesta de las Semanas en 16:12, y el vestido de la viuda y el rebusco en 24:18 y 24:22 (ya en estas páginas)—, cada vez atado a una ley para alguien que no puede exigirla. Y el absoluto zajor, el recordar como orden permanente, abre 24:9, recuerda lo que Jehová tu Dios hizo a Miriam, y 25:17 (ya en estas páginas), recuerda lo que te hizo Amalec —los únicos dos versículos de la Biblia en que está zajor et asher asá, construidos como gemelos con el centro cambiado. → primero comentado en Génesis 40:23