SER LIVIANO, leve, sin peso —y de ahí TENER POR LIVIANO, tratar como nada, MALDECIR; y su sustantivo qelalá, una maldición. La cuarta de las palabras hebreas de maldecir que este diccionario mantiene aparte, junto a arar, qabab y alá. ⭐ Génesis 12:3 (ya en estas páginas, todavía no en español) muestra la diferencia en una sola cláusula: al que te tenga en poco —meqalleleja, este verbo— yo lo maldeciré, a'or, que es arar. El hombre tiene en poco; Dios maldice. ⭐ Deuteronomio 23:5-6 vuelve a contar la historia de Balaam con esta raíz y ninguna otra: a Balaam se lo alquiló leqallelejá, para maldecirte, y Dios convirtió ha-qelalá, la maldición, en bendición —mientras que Números 22-24, la historia misma, usa arar y qabab de principio a fin y esta raíz ni una vez. Deuteronomio escogió la palabra porque es la suya: qelalá es la maldición del pacto puesta ante Israel junto a la bendición en 11:26, y pronunciada desde el monte Ebal en el capítulo 27 (todavía no en estas páginas). ⚠ Es también el verbo de Génesis 8:21 (ya en estas páginas, todavía no en español), nunca más maldeciré la tierra, y el de la ley contra maldecir a un padre (Éxodo 21:17) o a Dios (Levítico 24). Dondequiera que el castellano imprime «maldecir», el lector no puede saber cuál de las cuatro palabras hay debajo; este diccionario sí. ⚠ El sustantivo qelalah es la MALDICIÓN puesta sobre el monte Ebal en Deuteronomio 11:29, y en 27:13 seis tribus se apostan allí al ha-qelalah, para la maldición —una frase en un versículo de la Biblia hebrea, sin verbo de maldecir y sin nadie nombrado para decirla, mientras los seis del Gerizim se ponen de pie para bendecir al pueblo. Lo que dicen después los levitas no es esta palabra sino arur, doce veces. → primero comentado en Deuteronomio 23:5