REPARTIR, dar como porción —aquí de los dioses «que no les había REPARTIDO» a Israel (29:25), lo que implica que a las demás naciones sí se les repartieron sus propios dioses. La misma idea vuelve, más marcada aún, en Deuteronomio 32:9 (todavía no en estas páginas): cuando el Altísimo repartió a las naciones entre los hijos de Dios, «la porción de Jehová» —cheleq, el sustantivo de este verbo— «es su pueblo». Esta traducción anota la afirmación sin resolver qué significa que a las naciones se les hayan repartido poderes menores. → primero comentado en Deuteronomio 29:25