UN FRASCO, jarra de cuello angosto — y la palabra hebrea es, casi con toda certeza, onomatopéyica: imita el gluglú (buq-buq) del líquido al verterse de una vasija así. Jeremías recibe la orden de comprar uno hecho por un alfarero (19:1) — no ya el barro blando y remodelable del torno del capítulo anterior, sino una pieza terminada y COCIDA — y de romperlo ante testigos, en el filo del valle, «de modo que no se pueda remendar más» (19:11). ⚠ Las mismas tres consonantes, b-q-q, vuelven cuatro versículos después de la compra en un verbo muy distinto: «VACIARÉ el consejo de Judá y de Jerusalén» (19:7, baqoti) — el nombre de la señal se vuelve la sentencia misma. → primero comentado en Jeremías 19:1